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Esteban Moctezuma Barragán

Se quema el guiso

Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca. Presidente del Compromiso Social por la Calidad y Equidad Educativa. Secretario de Gobernación dura ...

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05 de junio de 2015

El escueto anuncio hecho por la SEP de suspender indefinidamente las evaluaciones a los maestros, ha llevado al gobierno federal a ahondar la crisis con la CNTE, cuyo escenario más complejo será este próximo domingo.

Ante dicho anuncio, diversos actores han salido a criticar la medida sin detenerse a analizar el fondo del conflicto. Se convirtió en “políticamente correcto” cuestionar la legalidad de la medida.

Recordemos que cuando se dio a conocer la Reforma Educativa, señalé en este mismo espacio que, desde hace años, algunas organizaciones empresariales se dedicaron a sembrar la idea de que el SNTE era el obstáculo para lograr una educación de calidad.

Alertamos entonces y reiteramos en marzo pasado, que debilitar al SNTE no necesariamente se traduciría en una mejor educación, pero sí en el fortalecimiento de la Coordinadora (CNTE), lo que ahora es una realidad.

La diferencia entre la CNTE y el SNTE, es abismal.

¿No lo sabían dichas organizaciones? Malo. ¿Lo sabían? Peor.

Hay quienes diseñan cómo cambiar a la sociedad, desde un escritorio, sin molestarse en investigar la compleja realidad.

Las recetas mágicas, aunque no existen, han sido lo que venden pregoneros del cambio. Pero el camino del infierno esta pavimentado de buenas intenciones.

Los editorialistas y activistas “democráticos”, que afirmaban que sólo con la alternancia se solucionarían los problemas del país, hoy claudican y promueven la anulación del voto, perdiendo objetividad sobre un proceso lleno de tropiezos por naturaleza.

Por otra parte, los mismos que se auto nombraron defensores de la educación pública y que exigieron cortarle la cabeza al SNTE para lograr “por fin” calidad educativa, hoy se escandalizan de la CNTE y exigen al mismo gobierno que ellos aconsejaron, seguir “derecho y sin quitarse”, sin antes desenredar la monstruosa madeja política, laboral y social del magisterio, y sin reconocer que ellos fueron parte del cocktail que fortaleció a la Coordinadora.

¿Por qué los bien intencionados, ahora se detienen ante el abismo a cuestionar la ruta que ellos ayudaron a trazar? ¡Porque nunca se fijaron en los operadores!

A esas personas se les califica de idealistas, no por tener grandes ideales, sino por carecer de experiencia y efectividad para hacerlas realidad.

Y una vez que sus recetas fueron puestas en práctica, ¡Oh horror: Se está quemando el guiso!

Los cambios de fondo se pueden iniciar con un momentum político, sí, pero sólo se arraigan con un grupo de personas que deseen realizar el trabajo diario, callado, no protagónico y eso es lo que no saben hacer los merolicos del cambio mágico.

La democracia requiere demócratas. También, para que se fortalezca la educación, se requieren educadores. Ninguno de ellos obedece a la aritmética política que sólo promueve cambios cupulares, ajenos a la realidad de las bases.

Para que haya democracia, el trabajo es con los ciudadanos y para mejorar la calidad educativa, el esfuerzo es en el aula, con las niñas, niños, jóvenes y maestros, pero eso es lo que menos importa a los amantes de las recetas mágicas del cambio.

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca.
@EMoctezumaB
emoctezuma@tvazteca.com.mx



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