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Juan José Rodríguez

Mundos utópicos literarios

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08 de mayo de 2015

¿De dónde habrá surgido la vocación de lectores y escritores por los mundos situados en una antigüedad o un futuro inexistente? ¿Es un deseo del ser humano buscar en un pasado utópico o distópico un irreal universo donde el bien y el mal estén totalmente definidos, sin los matices secretos que les dan la política y la economía moderna? Hoy comentaremos algunas de ellas.

Los textos de ese tipo más exitosos del siglo XX han sido El señor de los anillos y Star Wars. Hoy tenemos en el mercado nuevas utopías dominadas por adolescentes, como Los juegos del hambre o Divergente y sus demás secuelas, por no hablar del próximo estreno de la saga Game of Thrones.

Casi siempre estos mundos o universos enteros han sido creaciones de anglosajones. Los españoles no han sido dados a crear espacios alternos, quizá porque históricamente han tenido una religión sin variantes donde las supersticiones han sabido canalizarse.

La obra de Tolkien tiene una fuerza moral que no es moralina o parroquial. A pesar de que no pocos han sabido de la gran epopeya de El señor de los anillos, muchos desconocen que J.R.R. Tolkien era un profundo católico, educado por un sacerdote culto, y gran amigo de C. S. Lewis, creador de las Crónicas de Narnia y también panteista: ambos creían que el mismo Dios de los cristianos se expresaba en los mitos de cada una de las culturas, incluso las más primitivas.

Tolkien, a su vez y a su momento, fue también padre de un sacerdote y poco antes de morir declaró que no le gustaban las reformas del Concilio Vaticano promovido por el papa Juan XXIII y aún seguía añorando las misas en latín... al igual que Mel Gibson, otra figura de la cultura popular del Imperio Británico.

En Inglaterra, país colonizado previamente por los duendes, existen desde Alicia en el país de las maravillas hasta “Willy Wonka”, esas vastas provincias de la imaginación que han colonizado con su ejemplo otros continentes virtuales.

Otra escritora que ha tenido gran éxito y calidad a la manera de Tolkien es Ursula K. LeGunn, quien tiene una saga llamada Terramar, llena de dragones, viajeros y magos extraños. No necesito añadir el entorno de Harry Potter.

Los Estados Unidos han sido también una región muy fértil para la fantasía. Advierto que me refiero mas a dicho género que a la ciencia ficción, aunque a veces ambos mundos se confunden y transforman mutuamente.

La palabra “ciber-espacio” la inventó el novelista gringo William Gibson, creador de Neuromante, novela generadora del “Ciber Punk” y en donde aparecen drogas, vaqueros-hackers y hasta el concepto de Matrix. No olvidemos a Phillip K. Dick, que si bien está más cercano a la ciencia ficción, ha creado mundos muy oscuros como el desquiciado entorno donde ocurre Blade Runner.

Nabokov en su novela Ada o el ardor creó un extraño país llamado Amerrussia, donde combina las cualidades y defectos de la Rusia de los zares y los Estados Unidos que él conoció. Aunque es un mundo en apariencia racional, se da el lujo de cambiar los sucesos históricos y hasta hacer volar una alfombra mágica en una escena evocativa.

Game of thrones, todo un éxito como literatura y miniserie, ocurre en un entorno que recuerda a la Guerra de las Rosas, donde los Lancaster y los York podrían identificarse con los Lannister y los Stark. El muro del Norte es un equivalente a la Muralla del Emperador Adriano y todo ese entorno Shakespereano luce bastante creíble y ha fascinado a las nuevas generaciones.

Fantasía hay para rato... El problema es que cada vez se parece más a la terrible realidad.



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