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José Antonio Crespo

El voto nulo, ¿favorable al PRI?

- Licenciatura en relaciones internacionales. El Colegio de México - Maestría en Sociología política. Universidad Iberoamericana. - Docto ...

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02 de febrero de 2015

Desde 2009 se maneja la tesis de que el voto nulo termina ayudando al PRI en los comicios, aunque involuntariamente, y por ello no conviene emitir un voto de protesta anulándolo. Hoy en día muchos lo creen aún y esgrimen ese mismo argumento contra los anulistas. No es exacto. En primer lugar, detrás de esa afirmación hay una idea popular; que los problemas del país se deben exclusivamente al PRI y que al ser éste removido del poder las cosas mejorarán. Muchos creímos eso en mayor o menor medida... antes de 2000. Después de ver el desempeño gubernamental del PAN y del PRD (a nivel local) queda claro que las cosas eran más complicadas. La oposición decidió desde el poder reproducir los usos y costumbres del PRI en lugar de combatirlos. La corrupción y la impunidad no desaparecieron; se socializaron entre todos los partidos. ¿Cuál es realmente la diferencia entre el PRI y los demás? Los partidos, todos, son parte del problema, no de la solución. A quienes siguen pensando que conteniendo o derrotando al PRI se logrará una mejoría significativa, o creen quién sabe a raíz de qué que PAN y PRD (o Morena ahora) representan una avis rara, una joya excéntrica pero real de nuestra democracia, lo ocurrido desde el año 2000 les pasó de noche.

La convocatoria anulista está dirigida esencialmente a los abstencionistas que, ya decepcionados y descreídos de todos los partidos (no sólo del PRI), deciden abstenerse como protesta. En tal caso, si en lugar de ello acuden a anular el voto, la proporción de votos para los partidos seguirá exactamente igual. Ese traslado no favorece al PRI (ni a ningún otro partido); en cambio, emite una protesta visible y ruidosa contra todos los partidos por igual. El voto nulo proviene esencialmente de los abstencionistas potenciales, más que de quienes creen que tal o cual partido constituye la salvación del país, o que algún partido es el único responsable del desastre, como suponen los que llaman a no anular para presuntamente no favorecer al PRI. En efecto, pudiéndose distinguir tres grupos principales —los votantes por un partido, los anulistas y los abstencionistas— el perfil político de anulistas y abstencionistas se parece mucho más al que hay entre anulistas y partidistas. De ahí que la convocatoria anulista se dirija principalmente —aunque no exclusivamente— a los abstencionistas potenciales, pues de esa forma no hacen oír fuerte y clara su protesta e inconformidad. Pero de nuevo, dicha posible trasferencia no favorece ni perjudica a ningún partido; deja las cosas igual en términos de votación de cada partido.

O bien para que el voto nulo favoreciera al PRI tendría que provenir de quienes, habiendo decidido votar por otros partidos de pronto decidieran anular su voto. Eso sí favorecería al PRI. Pero, ¿quién dijo que los anulistas provienen exclusivamente de las filas panistas o perredistas? Tal idea no tiene fundamento. Resulta que en 2009 las encuestas de salida preguntaban a quienes declaraban haber anulado el voto cuál era su segunda opción. Entre quienes respondían que hubieran votado por algún partido, había tanto potenciales perredistas (4.2%) como panistas (4.9%) y priístas (5.2%); éstos últimos ligeramente en mayor proporción (Gabinete de Comunicación Estratégica). Incluso, algunos priístas distinguidos anunciaron públicamente que anularían su voto. Entonces la conversión de un voto partidista por un voto nulo, en los hechos tampoco favorece al PRI; perjudica a los tres principales partidos en proporción semejante. Con esa información, se deduce que si quienes anularon su voto hubieran votado por su partido preferido, la distribución de votos y curules no habría cambiado. Eso es un gran mito, no genial, pero sí sumamente persuasivo.

Profesor del CIDE



Editorial EL UNIVERSAL Mexico under the magnifying glass


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