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José Antonio Crespo

¿Voto nulo o voto comprometido?

- Licenciatura en relaciones internacionales. El Colegio de México - Maestría en Sociología política. Universidad Iberoamericana. - Docto ...

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En memoria del maestro Julio Scherer

12 de enero de 2015

La semana pasada mi estimado Mario Campos puso en duda la eventual eficacia del voto nulo como instrumento de presión a la clase política, reconociendo sin embargo la potencialidad del voto como expresión de protesta (2015: el año de los ciudadanos. 6/Ene). 1) Dice Mario que está demostrado que el voto nulo no tiene impacto. Es lo que se dijo en 2009. Sostengo en cambio que de ser voluminoso, quita legitimidad a los partidos sin la cual no podrían continuar por su actual ruta. No es una cuestión de su cinismo o falta de ética. Si al PRI no le hubieran escatimado legitimidad en los 80 y 90, no habríamos tenido ni reforma electoral ni alternancia. Los partidos no pueden hacer caso omiso de la legitimidad que surge de las urnas (o su escasez). Justo por ello, en 2009 los partidos reaccionaron con virulencia descalificando al movimiento anulista como antidemocrático y hasta ilegal. Pero la reacción de la partidocracia reflejó que se puso el dedo en la llaga. Y justo por eso, terminados los comicios, los partidos reconocieron la gravedad del alejamiento con ciudadanos, y propusieron una reforma política (que resultó ligera, es cierto, pero fue consecuencia de aquel movimiento, según todos los partidos lo reconocieron). Vino la reelección legislativa, finalmente, como consecuencia también de ese movimiento, así como la iniciativa ciudadana, la maltrecha consulta popular y las candidaturas independientes. Algo es algo.

Felipe Calderón declaró al término de la jornada electoral: “Debemos ser sensibles y atender el llamado de quienes hoy decidieron no votar o no apoyar a ningún partido. La democracia es un proceso de construcción y perfeccionamiento permanente. Por ello, esta elección nos ofrece también la oportunidad de reflexionar cómo podremos mejorar el sistema electoral, a fin de acercar más la política a las necesidades, preocupaciones y participación de los ciudadanos”. La protesta anulista no pasó desapercibida ni fue ignorada, como muchos sostienen. Luego entonces, un nutrido y extenso voto nulo sí podría cimbrar las bases de legitimidad del sistema de partidos que obligaría a éstos a tomar medidas correctivas.

2) Campos propone la presentación de temas relevantes para la ciudadanía y así orillar a los partidos a incorporarlas en sus propuestas. Me recuerda lo que, frente al voto nulo, se llamó “voto comprometido” y que impulsaron Denise Maerker y Alejandro Martí. Era más específico, es cierto. Se conminaba a los candidatos a firmar una serie de exigencias si querían que los electores votaran por ellos. Muchos lo hicieron. Y se decía que si no cumplían ya no se votaría por ellos (lo cual de todas formas era imposible pues no había reelección). Martí consideraba al voto nulo como “cheque en blanco”. Fue a la inversa. A las pocas semanas de tomar posesión, los diputados que firmaron los compromisos los desecharon sin empacho, y sus electores no pudieron hacer nada, pues no contamos con mecanismos para ello. El voto comprometido fue más claramente un “cheque en blanco”, pues el voto nulo no es pagadero de nada, sino una clara protesta y reclamo, que no da su autorización para que los partidos sigan haciendo de las suyas, como sí ocurre con el voto partidario.

Desde entonces, ¿los políticos cambiaron su posición o prácticas? Al contrario. ¿Los electores les van a refrendar el respaldo y legitimidad? Pues que no se extrañen que continúen los súper salarios, bonos, partidas secretas, financiamiento millonario y otras corruptelas. La culpa no la tienen los partidos, sino los que les dan su espaldarazo sin que hayan hecho méritos para merecer un refrendo de confianza. Hagan lo que hagan, los partidos cuentan con la complacencia e inercia de los complacientes electores. Y luego nos sorprendemos de que las cosas sigan igual.

Profesor del CIDE



Editorial EL UNIVERSAL Politicians that never learn


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