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Porfirio Muñoz Ledo

Adiós a la Guerra Fría

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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27 de diciembre de 2014

Hace algunos años, en un encuentro parlamentario México-Estados Unidos celebrado en Miami, la intolerancia subió de punto cuando abordamos la cuestión de Cuba. Con la ayuda de un mapa señalé la equidistancia geográfica de la isla con ambos países y el interés estratégico semejante que teníamos en la relación con los cubanos, acrecentados —en nuestro caso— por vínculos históricos, culturales y de profundo afecto entre nuestros pueblos.

La geopolítica determinó que México tenga dos fronteras con Estados Unidos: la territorial, marcada por el Río Bravo y la marítima, señalada por la presencia imprescindible de Cuba. El fin de la Guerra Fría entre nuestros vecinos no solamente afecta a toda la región, sino que abre expectativas múltiples a la diplomacia mexicana, lastrada con frecuencia por un conflicto que no era nuestro.

Falso que la actitud internacional de México hacia la Revolución Cubana haya sido “invariable” en todos estos años. Ciertamente nos negamos a romper relaciones diplomáticas y asumimos posiciones coincidentes en las grandes luchas del mundo en desarrollo. Pero no es menos cierto que esa amistad solidaria se vio empañada por recelos, presiones, malentendidos y hasta espionajes. Sin olvidar el “comes y te vas” —joya mundial de la intidiplomacia—. México perdió en la transición los mejores timbres de una relación con Cuba que lo honraba y desperdició las posibilidades de una mediación con Estados Unidos que en varios momentos fue posible y de la que ahora estamos ausentes por nuestras omisiones. Perdimos una campaña oficiosa para encarrilar América Latina en las vías del ALCA y ahora nos amanecemos con nuevos equilibrios regionales por los que nosotros debimos haber bregado sin quebranto.

A pesar de que la política norteamericana va a encontrar innumerables obstáculos internos para que prosperen las relaciones con Cuba, no es menos cierto que las decisiones adoptadas por Obama ayudan a definir, tanto la correlación de fuerzas internas, como una nueva política exterior descargada de ciertos prejuicios y orientada hacia la búsqueda de nuevas soluciones estratégicas. Los demócratas no contarán con la mayoría de los activistas cubanos —encabezados por Marco Rubio— en las próximas elecciones, pero podrán incrementar sus clientelas entre las comunidades hispánicas si dan una continuidad efectiva a las decisiones migratorias que las favorecen.

El siguiente paso es una respuesta gradual pero consistente a la demanda cubana —que goza de un impresionante apoyo internacional— de terminar con el afrentoso embargo económico y financiero sobre la isla que ya no habría razones para mantener en el futuro. Por su parte los norteamericanos deberán entender que la “democracia” en que ellos piensan está muy lejana de la que se ha venido creando en Cuba durante más de medio siglo y que sostiene en un alto grado de participación política, económica y social.

Los acontecimientos internacionales alentados desde el Vaticano y auspiciados por Canadá obedecen también a un conjunto de transformaciones que ha emprendido el gobierno cubano. En la última reunión parlamentaria entre México y Cuba tuvimos ocasión de conocer los resultados del sexto congreso del Partido Comunista, que contiene 313 lineamientos de política económica y social. Nuestros huéspedes definieron el nuevo rumbo como “liberación de las fuerzas productivas”. Lo estiman como un ejercicio de autocrítica que no pone el acento principal en los estragos del bloqueo económico, la crisis financiera o los desastres naturales, sino en el funcionamiento del modelo económico que debieron adoptar en función de las alianzas de la época dura de la revolución. Fueron decisiones cubanas las que dieron vuelta a una página de la historia en la que se hallaban atados  al bloque económico comandado por la Unión Soviética “CAME” que determinó un sistema de concentración de excedentes, el empleo de maquinaria obsoleta con gravoso consumo de hidrocarburos, a más del estrangulamiento financiero y la escasez de divisas.

Los cubanos han optado por una política igualitaria en vez de una altamente subsidiada. Se han puesto en condiciones de interrelacionarse con la economía de mercado. No cabe duda de que México puede ser un coadyuvante eficaz e insospechado de este proceso.

Comisionado para la reforma política del Distrito Federal



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Editorial EL UNIVERSAL Poverty equals violence


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