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Editorial EL UNIVERSAL

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27 de diciembre de 2014

2014 fue un año especialmente delicado y conflictivo en cuestión de migración hacia Estados Unidos. Hace algunos meses conocimos un fenómeno que por dramático conmovió al mundo y que fue catalogado como una crisis humanitaria: el éxodo hacia el Norte, masivo y en solitario, de menores centroamericanos. En este contexto, en noviembre pasado México alcanzó un incremento de 47%, con respecto a 2013, de expulsiones del país de centroamericanos. Con ello, nuestro país podría superar este 2014 a Estados Unidos en el número de deportaciones de centroamericanos.

Concretamente, y según datos de la Dirección General de Migración de Guatemala, el número de centroamericanos expulsados por tierra desde México aumentó de 77 mil 395 en 2013, a 107 mil 199 de enero a diciembre de 2014, con un crecimiento de 29 mil 804 casos, aún sin que concluya el año. Mientras tanto, Estados Unidos, en el mismo periodo, deportó a 104 mil 688 personas.

Las anteriores cifras cobran especial relevancia debido a las conocidas y recurrentes violaciones a los derechos humanos que se sabe sufren estos migrantes guatemaltecos, hondureños y salvadoreños en su tránsito por territorio mexicano.

La migración hacia EU es un fenómeno que —al relacionare directamente con el desarrollo económico y también con la violencia del crimen organizado— en calidad de urgente tendría que tener ocupados, de manera conjunta, a los gobiernos de los países centroamericanos, de México y de Estados Unidos, en el desarrollo de políticas migratorias coordinadas que desincentiven la migración indocumentada —no se diga ya cuando se trata de aquella en la que menores tratando de alcanzar suelo estadounidense, arriesgan su vida— y propicien mejores condiciones de vida para aquellos que no tienen más opción que dejar su tierra y familia, para aventurarse en una empresa en la que quizás se les vaya la vida.

Lo anterior implica por supuesto —y principalmente— la implementación de planes de inversión que generen el desarrollo de infraestructura industrial y urbana, y de educación y empleo en aquellos países que por su precaria situación económica y de seguridad, son los que aportan estas cifras de migración tan elevadas y alarmantes.

La migración es tan antigua como el hombre mismo, sin embargo, a causa de las condiciones en que se da hoy día exige la intervención de los distintos gobiernos involucrados. Sólo mediante el compromiso de toda la región se logrará dar solución a esta problemática que conlleva, inevitablemente, la semilla de múltiples dramas humanos.



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