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Gerardo Esquivel

Reforma energética: mala apuesta



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07 de noviembre de 2014

Este gobierno le apostó mucho a la reforma energética. En ella, la administración se jugó una parte de su capital político y poco le importó que ésta significara el fin del llamado Pacto por México. Su apuesta era que la reforma traería una gran cantidad de inversiones extranjeras y que esto detonaría el crecimiento económico y la generación de empleo en el país. También le apostaban a que una mayor producción de petróleo podría generar una mayor renta petrolera y, por ende, mayores recursos para el gobierno. Eso explicaría porque la reforma fiscal aprobada fue de una envergadura mucho menor de lo que era necesario para poder cumplir con todas las promesas que había realizado esta administración.

El diagnóstico y los supuestos de los que partían los impulsores de la reforma, sin embargo, eran equivocados. Suponían, por ejemplo, que el precio del petróleo se mantendría elevado por un periodo relativamente largo (sólo así podrían esperarse inversiones en la exploración y explotación en zonas de difícil acceso y que conllevan un mayor riesgo e incertidumbre). Suponían, también, que podríamos montarnos en la revolución energética que se estaba observando en el sur de Estados Unidos (el boom del gas y el petróleo shale), sin percatarse que este mismo fenómeno eventualmente afectaría la demanda por nuestros productos energéticos.

Ahora, la realidad parece haber cambiado súbitamente. El precio de la mezcla mexicana de petróleo ha caído significativamente en los últimos 4 meses y ya se encuentra en 75 dólares por barril, una disminución de 25% respecto al precio promedio de los años 2011-2013. Sólo una lectura muy ingenua de la situación puede pensar que esta caída es transitoria o de corto plazo. El ajuste en el precio del petróleo tiene un carácter más bien estructural. Tiene que ver con el crecimiento observado y anticipado de la economía mundial (desaceleración en China, posible recesión en Europa, estancamiento secular en Estados Unidos, etcétera), pero también con los cambios tecnológicos y la revolución energética ya mencionada. Estados Unidos, nuestro principal mercado hasta ahora, ha incluso empezado a exportar petróleo, por lo que en el futuro cercano necesitaremos empezar a explorar nuevos y más alejados mercados (y, por ende, menos rentables).

La caída en el precio del petróleo tendrá al menos dos efectos importantes para la economía mexicana. Por un lado, esto representará una merma importante en los ingresos del gobierno para 2015 (que puede ser de alrededor del 4 o 5% de los ingresos totales, esto es, cerca de 1% del PIB). Lo anterior implica que necesariamente debería haber un ajuste más o menos equivalente por el lado del gasto, con su consecuente efecto en la demanda interna y, por ende, en el crecimiento esperado para el próximo año. Por otro lado, esto afectará indudablemente las perspectivas sobre las inversiones y los rendimientos futuros en el sector. Así, de entrada, esto afectará a las primeras licitaciones que tendrán lugar como parte de la llamada Ronda Uno. Esta situación incluso ya fue reconocida por el secretario de Energía, quien recientemente declaró que “en un panorama de precios a la baja, las áreas que estamos planteando de mayores costos de extracción, pueden perder atractivo”. A pesar de ello, no se crea que no habrá postores y que no habrá ganadores. Los habrá, sin duda, pero para que estas licitaciones sean exitosas en ese sentido, muy posiblemente las condiciones demandadas por el sector privado deberán garantizarles un rendimiento atractivo para sus inversiones. En consecuencia, los recursos que recibiría el gobierno podrían terminar siendo mucho menores de lo anticipado.

Es posible, aunque incierto, que la reforma energética tenga los efectos deseados en el mediano y largo plazo. En el corto, por lo pronto, no funcionará como se había programado. Fue una apuesta arriesgada que se basó en un diagnóstico equivocado. La realidad se impuso. Para algunos, será la hora de empezar a buscar una nueva bala de plata; para otros, habrá que seguir reflexionando seriamente sobre las verdaderas causas del bajo crecimiento de la economía mexicana.

Economista
@esquivelgerardo
gesquive@colmex.mx



Editorial EL UNIVERSAL A need for certainty in Iguala


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