aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Pedro Salazar Ugarte

¿Por dónde?

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Profesor universitario. ...

Más de Pedro Salazar Ugarte



ARTÍCULOS ANTERIORES


Ver todos sus artículos

06 de noviembre de 2014

A las víctimas y sus familiares

El problema de la encerrona en la que estamos atrapados es que parece no tener salida. A la incapacidad de las autoridades para investigar y resolver los terribles hechos que han tenido lugar en las semanas recientes —y que ha sido bien advertida por José Woldenberg— debemos sumarle un desconcierto social apabullante, un clima de inseguridad creciente y un modelo económico que, como ha sostenido Rolando Cordera, es en sí mismo violento y genera violencia. El fresco del presente es desolador porque los hechos de Tlatlaya y Ayotzinapa son terribles pero también y, tal vez sobre todo, porque no son los únicos. Como bien ha documentado Miguel Concha, la lista de vejaciones, desapariciones, torturas, desplazamientos y asesinatos de los últimos años es abrumadora.

Para intentar comprender qué es lo que nos está sucediendo, el Instituto de Investigaciones Jurídicas, la Facultad de Derecho y el Posgrado en Derecho, todos de la UNAM, junto con el colectivo RADAR, convocaron a un foro de reflexión y análisis que inició el martes pasado y continuará en los días venideros. Retomo las ideas que he referido y las que reseñaré a continuación de la mesa inaugural. Mi intención no es resumir las ponencias de los participantes sino recuperar algunas de las tesis que pude recoger de sus exposiciones y que, más allá del diagnóstico, podrían servir para delinear una ruta que permita superar la crisis y abrir las compuertas hacia un futuro de paz.

Lo primero que tenemos que hacer —según Luis Salazar— es evitar las simplificaciones y las salidas retóricas del tipo “que se vayan todos”. Eso no sirve y confunde. Lo que necesitamos es un diagnóstico objetivo que reconozca la complejidad de los problemas. La realidad es muy difícil y lo primero que tenemos que hacer es aceptarlo. Con esa finalidad, primero, debemos mirar hacia nuestras instituciones y reconocer que —más allá de las posibles bondades en su diseño— funcionan de manera alarmantemente defectuosa. El problema no pasa —al menos no necesariamente— por su rediseño sino por su pasmosa inoperancia. El ejemplo de la CNDH actual es emblemático.

En paralelo es necesaria una renovación en las dinámicas sociales. Elena Azaola insistió —creo que con razón— en la necesidad de que la sociedad mexicana aprenda a transformar el dolor en participación corresponsable. Sin ese ingrediente social, no hay democracia que se consolide. El problema es que esa exigencia debe activarse en este momento de ruptura del tejido social y de profunda desconfianza en las autoridades. Por lo mismo es indispensable —dijeron los expositores— romper con el “pacto de impunidad” que atraviesa a nuestras relaciones políticas y también sociales. El desafío es generar confianza.

Pero en el fondo subyace un reto mayúsculo. Ya lo dije: el modelo económico actual produce una sociedad estructuralmente injusta. Una parte de la violencia emana de esa fuente. El reto en este caso es quizá mayor porque el desafío es global y la tendencia parece irreversible. Pero si no logramos un sistema cooperativo y socialmente productivo que reemplace a lo que tenemos ahora será imposible alterar la estructura social. Si hubo un consenso entre los expositores fue, precisamente, que en el núcleo del berenjenal actual se encuentra la desigualdad. No solo la pobreza que lastima a millones de personas sino, sobre todo, la concentración que ofende, excluye y despoja.

Retomando las ideas de Luigi Ferrajoli, Salazar Carrión, remató con una tesis ideal para concluir este artículo: el sentido real de los derechos humanos, su dimensión práctica y transformadora, reside en que son los derechos de los más débiles. Entenderlo es necesario para abandonar la violenta sociedad del privilegio en que vivimos y caminar hacia la pacífica sociedad de los derechos. Si no lo hacemos pronto se desplomarán las instituciones que construimos sobre arena.

Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM



ARTÍCULO ANTERIOR ¿Por dónde?
Editorial EL UNIVERSAL IPN: dialogue without extremism


PUBLICIDAD