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Alberto Núñez Esteva

La empresa socialmente responsable

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14 de octubre de 2014

El comunismo se derrumbó junto con el muro de Berlín, hace veinticinco años. No era posible que subsistiera un sistema que buscaba la equidad social a costa de la dignidad y de la libertad de la persona, que son los tesoros más preciados del ser humano, no negociables. Duró mucho tiempo y causó enorme daño. Su derrumbe fue estrepitoso.

El capitalismo surgió como triunfador e impera en la mayor parte del mundo, incluyendo China y Rusia. No obstante, este capitalismo muestra también un deterioro que es alarmante. Hace pocos años, en el 2008, el sector financiero mostró el horrible rostro de la codicia a través del enriquecimiento de unos cuántos a niveles insospechados, colocando hipotecas alrededor del mundo entre personas que no tenían capacidad para pagar su adeudo, lo que ocasionó una crisis de enorme magnitud. Sin embargo, los operadores obtuvieron pingues ganancias a través de las comisiones que cobraban por la basura que colocaban en el mercado. Varios países todavía son presas de los desmanes de esas empresas financieras e individuos.

¿Cuál es la alternativa? La persona, el ser humano, como beneficiario de las decisiones políticas, económicas y sociales que deban asumirse por los estados y las organizaciones, privadas y públicas. El espectro es muy amplio, y de no concretarse quedaría en ideas que, simplemente, se las lleva el viento.

Intentemos aterrizar algunas ideas básicas en la empresa que es, sin duda, el motor más poderoso para impulsar la economía de un país ¿Qué misión vemos en esta empresa a la que describiremos como socialmente responsable?

Responder frente a sus accionistas; responder frente a sus colaboradores; responder frente a sus clientes y proveedores; responder frente a los funcionarios públicos, y responder frente al medio ambiente.

Además, la empresa debe responder frente a su comunidad. Lo que implica el tomar conciencia de las graves carencias de los sectores vulnerables de nuestra sociedad y contribuir a subsanarlas, al alcance de sus posibilidades, tomando en cuenta los valiosísimos recursos que tiene la empresa para este propósito. No sólo los indispensables recursos económicos, sino la aportación técnica que puede aportar para profesionalizar proyectos sociales en la misma forma que se hace dentro del sector empresarial.

El empresario y la empresa socialmente responsable tiene la obligación de ir más allá del bien estar con sus stakeholders: significa promover la formación en valores como la dignidad, la solidaridad, la subsidiariedad y el bien común. Provocar el crecimiento de las personas hacia afuera y hacia adentro, en lo emocional, espiritual e intelectual, con valores universales, que hacen tanta falta en nuestro país.

Contemplar a la empresa en esta dimensión no sólo económica sino también social, nos hace exclamar ¡Qué misión tan importante cumple el empresario al generar riqueza que beneficia a toda su comunidad! La vida vale la pena cuando los objetivos que perseguimos son éticos y trascendentes. La empresa socialmente responsable cumple estos propósitos.

alberto.nunez33@gmail.com
Presidente de Sociedad en Movimiento



Editorial EL UNIVERSAL Unsafe countries, lonely children


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