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José Carreño Carlón

Querer 'al' Fondo o querer 'el' Fondo

José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos ...

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10 de septiembre de 2014

Resulta inevitable intentar un balance de las conmemoraciones por los 80 años del Fondo de Cultura Económica. Al respecto, lo más destacado en el debate público —mexicano e hispanoamericano— ha sido la abrumadora corriente favorable a la permanencia de esta casa editorial del Estado mexicano. De hecho, este debate se convirtió en una prolongación de los resultados de la consulta abierta sobre qué esperar del Fondo al entrar en su novena década, en que sobresalen las reiteradas propuestas de mayor presencia de esta institución en la República y en la mayor parte de la geografía del idioma español.

De esta manera, el FCE salió de su concurrido Festival ‘El libro y sus lectores’, que tuvo lugar en su sede la semana de su cumpleaños, con un trazo estratégico actualizado y enriquecido con la participación de un grupo de destacados escritores de las diversas regiones del planeta en que se habla y se lee nuestra lengua.

Y lo que es un hecho es que el tema de acabar o no con la vida de la editorial desplazó el debate sobre la pertinencia de la realización, por el propio FCE, del programa Conversaciones a Fondo, en Palacio Nacional, con el presidente Peña Nieto. Punto de arranque de un proyecto para analizar el antes y el después del proceso reformista culminado en su fase legislativa, con miras a delinear planes editoriales sobre sus contenidos y perspectivas, el programa fue sometido también a debate a propósito de su formato, la selección de sus participantes y el desempeño de un grupo de comunicadores convocados y coordinados por el autor de estas líneas, en su carácter de titular de esta institución.

Opciones a debate

Académicos memoriosos de la UNAM y el Colegio de México que acudieron a alguna de las mesas del Festival de la semana pasada, inscribieron estos temas en un viejo debate que periódicamente resurge, dijeron, entre quienes quieren ‘al’ Fondo y quienes quieren ‘el’ Fondo. Resumieron la postura de quienes quieren ‘al’ Fondo, como promotores de su permanencia, expansión y fortalecimiento. Y redujeron las apuestas de quienes quieren ‘el’ Fondo, por un lado, a la pretensión de transferir a manos privadas su catálogo, su fuerza de mercado y sus activos. Y por otro lado, al propósito de simplemente transferir su dirección a manos supuestamente menos afines al gobierno, pero sobre todo gremialmente más afines a alguna de las clientelas culturales del Estado.

Pero más allá de reduccionismos, simplificaciones o brotes de histeria —de todos los bandos— seguidos de apreciables momentos de sosiego, lo cierto es que estos debates no sólo son inevitables, sino que deben ser bienvenidos. Me parece que hay aquí posturas ideológicas con toda la legitimidad para abrirse paso. Y que puede haber intereses que, en ejercicio de derechos fuera de discusión, gestionen la liquidación del Fondo o su puesta en manos de alguno de los gremios de la industria cultural.

Otros balances

Pero lo que tampoco parece estar en la discusión es que el Fondo entró a su novena década con un poderoso programa editorial, una expansión de su presencia en la República y en América Latina, un impulso incontrastable del libro electrónico y un nuevo diálogo con nuevas generaciones de lectores.

Mientras que —independientemente de probables errores de cálculo, de formato o de selección de comunicadores en el diálogo con el Presidente— la visibilidad alcanzada en estas semanas por aquellas Conversaciones a Fondo, deja otro balance incontrovertible: el único ángulo crítico al presidente Peña Nieto que se ha mantenido en el debate por varias semanas, en una esfera pública nacional y global dominada por los reconocimientos —a partir de la promulgación de la última reforma del celebrado ciclo de transformaciones— ha sido el tratamiento del mandatario al tema de la corrupción. Y surgió en el programa de tele que algunos insisten en considerar arreglado, para el lucimiento presidencial, por el director de una también muy celebrada editorial estatal.

Director general del Fondo de Cultura Económica



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