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Ricardo Raphael

Entre Raúles te veas

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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08 de septiembre de 2014

Lo vi cruzar a paso acelerado la plaza Manuel Tolsá, acompañado de su guardia personal. Cuatro o cinco sujetos corrían detrás suyo, uno para cargarle el portafolio, otro para colocarle el saco, el tercero para abrirle la puerta de su camioneta SUV, modelo reciente, y el cuarto que al final saltó dentro de un carro de guaruras.

Corría el mes de junio y ambos asistimos a un evento en el Palacio de Xicohténcatl. Minutos antes, el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, había presentado un diagnóstico sobre la implementación de la reforma constitucional en derechos humanos.

Raúl Plascencia Villanueva fue uno de los invitados. Al verlo tan caballero y tratado con tanta lisonja por parte de sus vasallos no pude evitar la incomodidad que me provocó el desplante. La verdad no fui capaz de imaginar a don Jorge Carpizo, a quien tanto admiré, en un alarde parecido.

Supongo que el hombre necesita proteger su seguridad porque el cargo es peligroso. Pero hay una diferencia entre eso y presumir el presupuesto con varias camionetas cuyo valor promedio ronda, cada una, los 800 mil pesos; o con la guardia pretoriana que ese día le acompañaba, compuesta por varones elegantemente trajeados, todos altos y fornidos, con el cráneo afeitado y las mejillas militarmente rasuradas.

Ese día Raúl Plascencia me recordó las calles de los restoranes de Polanco, en la ciudad de México, donde el poder se demuestra por la ostentación de los vehículos, de los choferes y de los guaruras. Algo similar a lo que ocurrió el 2 de septiembre, en el Zócalo. No dudaría que algunas de las camionetas que tanta indignación produjeron en las redes sociales hubiera sido la del presidente de la CNDH.

Acaso me equivoco pero preferiría un presidente distinto para esa Comisión. Un hombre que se mire menos aferrado a las prestaciones del puesto y a la teatralidad que permite el erario público. Y es que supongo que su tarea es muy seria y para ejercerla con la integridad y libertad que se requieren, quien lo ocupe no puede dejarse atrapar por las veleidades del poder. De otra manera terminará sujeto a sus caprichos y no dará prioridad a la defensa de los derechos de las personas que, en nuestro país, están muy lejos del espectáculo frívolo.

Este episodio volvió a mi memoria cuando me enteré por los medios del pleito entre Raúl Plascencia Villanueva y su tocayo, Raúl González Pérez, el actual abogado general de la UNAM. Ambos son competidores de una misma carrera y se vale que los dos hagan su mejor esfuerzo para ganar la presidencia de la CNDH, que deberá decidirse antes de que termine este año, cuando concluya el primer periodo de Plascencia.

Lo que se mira sucio es que uno de ellos utilice la estructura de su poder —guaruras y camionetas metafóricas incluidas— para golpear al adversario. Imagínese el lector que el abogado general de la UNAM pusiera los recursos de esa universidad al servicio de sus ambiciones personales. Pues más o menos eso es lo que hizo la actual cabeza de la CNDH.

Resulta que un personaje muy menor, un sobrino distante de don Jorge Carpizo, acudió ante la Comisión para denunciar un supuesto plagio sobre una obra intelectual que, por cierto, nunca se materializó. Dice el sobrino oscuro que no visitó los tribunales porque todo está podrido en México. (La verdad es que no lo hizo porque jamás habría procedido su denuncia).

Lo sorprendente fue que esa noticia apareció en los medios de comunicación antes de que el pleito fuera conocido por la parte afectada. Y todavía más impresionante fue que la CNDH dictara medidas cautelares en contra del abogado general de la UNAM, cuando frente a tantos casos de tortura y violación Plascencia Villanueva tarda meses en reaccionar. (En esta ocasión solo le tomó 24 horas para proteger a su víctima-cómplice).

Confirmo lo que pensé aquella mañana en la plaza Manuel Tolsá, frente al maltrecho caballito montado por Carlos IV. La CNDH merece ser presidida por una persona con mejor talante republicano, que guste menos de la parafernalia del poder y tenga un mayor compromiso con la defensa de los derechos humanos.

 

@ricardomraphael
www.ricardoraphael.com
Periodista



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