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Ricardo Raphael

Diputable

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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18 de agosto de 2014

La penosa escena de los legisladores panistas en Puerto Vallarta despierta la indignación y el enojo. El video dispara varias preguntas obvias relacionadas con el origen de los fondos que pagaron la pachanga, con la hipocresía de los militantes del partido conservador y con el Fantasma de la Opera, que se pasea tras las bambalinas de este episodio.

Sin embargo, después del balde de agua se impone otra interrogante aún más grave: ¿qué extraños criterios o requisitos se precisan en México para ser considerado como candidato a diputado? ¿Cuáles son las aduanas personales y profesionales que deben atravesarse para ser diputable?

Las imágenes referidas traen al presente otros agravios que ya habíamos presenciado: el rostro abotagado por recurrente congestión alcohólica del falso boxeador, Jorge Kahwagi; el autoritarismo de lo guaruras del Niño Verde, Jorge Emilio González, que quisieron liberar a su jefe del alcoholímetro amedrentando a la autoridad; la supuesta “chamaqueada” —el pretexto que ese mismo dirigente político esgrimió en 2004— cuando fue grabado negociando un soborno a su favor.

Más reciente está la Lady Senadora perredista, Luis María Beristain, furiosa porque la dependienta de una línea aérea se atreve a hablarle “al tú por tú” a una autoridad; o los ex diputados locales del PAN-DF, que acosaron a una mujer brasileña y golpearon a sus acompañantes, durante los días del Mundial. No alcanza este espacio para seguir apilando anécdotas de naturaleza similar, pero es evidente que algo huele muy desagradable en la vida parlamentaria del país.

Para cada oficio suele haber un método de reclutamiento. Los médicos estudian diez años y luego practican su profesión hasta ganarse a pulso el digno título de doctor. Los notarios, en la capital, deben enfrentarse a una prueba muy difícil para lograr su puesto. Después de una crisis severa de inseguridad, inclusive los policías han de aprobar rigurosos exámenes de confianza y conocimientos.

¿Cuál es el método que se sigue en México para ser diputable? ¿Qué méritos se piden en los partidos para considerar a una persona como eventual representante popular?

Una de las vías de reclutamiento más penosas es el nepotismo. “Los hijos de” han poblado San Lázaro y vivido del contribuyente, sin que para ello cuenten con méritos propios. Es el caso, por ejemplo, de René Fijiwara, quien hoy ocupa su asiento gracias a que es nieto de Elba Esther Gordillo. Pero como él hay una larga caterva de hermanas, primos, esposas y otros parientes de políticos.

Imagine el lector que al momento de contratar los servicios de un ingeniero, el profesional presentara como principal atributo de su talento ser hijo de ingeniero. Pues en la política mexicana esta circunstancia ocurre todo el tiempo. Los camellos quieren que sus camellitos medren también del erario público.

Otro mecanismo para ser diputable es contar con la bendición de un padrino de la élite económica. Así como en el siglo XX el PRI tenía legisladores que provenían de los sectores obrero, campesino y popular, ahora la moda es entregarle una cuota de representación a los principales grupos empresariales, sobre todo a las televisoras, pero no sólo a ellas. El puesto de diputado está en venta y quien pueda pagarlo tendrá a su servicio un abogado poderoso cuando alguna ley pretenda afectar sus intereses más mezquinos.

Una tercera vía para que una persona sea considerada como diputable es la tenacidad para corromper y ser corrompido. Los moches expresan claramente que la aprobación del presupuesto ocurre en México mediante el cohecho a los representantes populares.

Si algo grita por todo lo alto el episodio de la Villa Balboa, en Puerto Vallarta, es que el método de reclutamiento utilizado por los partidos mexicanos para postular diputados está podrido. Apestan los criterios asignados para ser diputable.

En México, es falso que sean los votos los que entregan la charola de legislador. Mucho antes de que intervenga el ciudadano hubo un dirigente político o un órgano de partido que consideró los atributos personales y profesionales del futuro diputado. Esas aduanas previas son las que dan asco.

 

@ricardoraphael
www.ricardoraphael.com
Periodista



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Editorial EL UNIVERSAL Protecting immigrants


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