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Jorge A. Chávez Presa

El miserable salario mínimo

Economista especializado en temas de hacienda pública, energía y políticas públicas. Actualmente dirige ITG Consultoría en Finanzas Públi ...

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09 de agosto de 2014

Que el salario mínimo en México alcanza para muy poco no es noticia. Su drástico deterioro tampoco es novedad. Subir el tema a la discuión pública sí es una magnífica oportunidad para maximizar ganancias electorales.

El tema es muy complicado porque atrás del salario mínimo (sm) hay muchos temas. Por ejemplo el de los trabajadores que tienen un pie en la formalidad para acceder a la seguridad social, mientras que el otro pie lo tienen en la informalidad para pagar menos impuestos. Otro ángulo es el del pago de sm a quien tiene casi nulas competencias laborales. En este caso, la mejor manera es capacitar a estas personas para que dejen de formar parte de la oferta laboral de sm. Hay muchas cosas que se pueden hacer antes de recurrir a la fácil receta de subir sin razón el bajo nivel del sm. Especialmente tiene que construirse una solución que no vuelva abrir la dañina caja de pandora de la inflación.

¿Por qué podría desatarse una ola inflacionaria si aumenta el sm, el cual es tan pequeño, sin muchas otras medidas adicionales? Por razones que vale la pena recordar.

Para empezar, el sm más que servirle al trabajador carente de capacitación y habilidades para asegurar un ingreso de subsistencia, se convirtió en una unidad de medida útil a gobiernos y a particulares para ajustar los pagos determinados en contratos, multas, pagos por hipoteca, etcétera. El problema fundamentalmente es que los aumentos se dan más en términos porcentuales que en términos absolutos, lo cual hace una gran diferencia.

Es muy diferente si un contrato establece que el pago a realizar aumenta en el mismo monto absoluto en el que se incrementa el sm, a si ese mismo contrato determina que el incremento a pagar debe ser igual al porcentaje en el que se eleva el sm. Digamos que el salario mínimo actual de 65.58 pesos diarios aumenta en cinco pesos, esto significa un aumento nominal en términos porcentuales de 7.7%. Si un contrato que obliga a pagar mil pesos mensuales se liga al incremento absoluto, entonces la nueva obligación de pago es de mil cinco pesos, equivalente a un aumento de 0.5%. Sin embargo, si el arreglo contractual dice que el incremento debe corresponder al mismo porcentaje en la que lo hace el salario mínimo, entonces la nueva obligación de pago del contrato es de mil 77 pesos. Por lo general, las referencias para el incremento son las porcentuales, especialmente las laborales.

Las negociaciones en los mercados laborales, particularmente los sujetos a contratos laborales (representados por sindicatos), por la naturaleza misma de los contratos son muy complicadas. Su complejidad radica en que cada dos años hay negociación de las cláusulas de los contratos que incluyen temas desde seguridad laboral, premios a la puntualidad hasta prestaciones como días de aguinaldo, días de vacaciones, etcétera. Y cada año se da la negociación del incremento salarial.

Si la costumbre arraigada es que los salarios de todos los escalafones o niveles aumentan igual o por encima al del porcentaje de incremento del sm, entonces un aumento salarial y contractual que no corresponda con el incremento de la productividad del conjunto de la mano de obra en una actividad, provocará un aumento en los costos del producto o el servicio. ¿Por qué un trabajador sindicalizado con mucha experiencia, capacidades y habilidades tendría que conformarse con un aumento en términos absolutos igual que el que recibió el de más bajo nivel? Definitivamente no lo haría.

Si ese producto está sujeto a la competencia externa y no hubo simultáneamente el aumento en la productividad, lo más seguro es que los días de esa empresa estén contados y se dé también una pérdida de empleos.

En cambio, si el servicio o producto no está expuesto a competir con los del exterior y no hubo un incremento en la productividad, en consecuencia el aumento salarial se trasladará a los costos y éstos a los precios. Si este servicio o bien representa una parte importante del presupuesto familiar, provocará malestar al deteriorar el poder adquisitivo. Esto dará pie a desatar una carrera de salarios-precio, que acaba afectando las expectativas de inflación de los trabajadores y de los empresarios. Esta explicación simplificada ayuda a comprender el porqué en el pasado los gobiernos de De la Madrid y Salinas recurrieron a un pacto para el control en el aumento de precios, bienes y salarios tanto en el sector privado como en el público para bajar las expectativas inflacionarias y con ello contribuir a la estabilidad macroeconómica del país.

Si de verdad hay seriedad en quienes hacen estos planteamientos, que lo hagan con transparencia y responsabilidad mostrando las consecuencias de incrementar el sm. Las consecuencias son desastrosas si no hay coordinación con la política monetaria, fiscal y la productividad. ¡Cuidado con los oportunistas!

Economista



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