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Leonardo Valdés Zurita

Salario mínimo al Presidente...

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08 de agosto de 2014

Pa’ que vea lo que se siente. Fue el lema de campaña del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) en el proceso electoral de 1985. La Comisión Federal Electoral, luego de que nos lo negó tres años antes, había otorgado el registro condicionado a esa organización fundada a mediados de los setenta a iniciativa de Heberto Castillo, Demetrio Vallejo y un puñado de ciudadanos que creíamos que este país tenía que construir mayores condiciones de equidad social.

Como lema electoral, pienso hoy, fue un verdadero fracaso. Alcanzamos apenas el 1.5% de la votación nacional que se requería para refrendar el registro legal pero muy lejos quedamos de mostrarnos como un partido de los trabajadores del campo y de la ciudad con capacidad de movilización electoral. Claro, el sistema era de partido hegemónico y sus instrumentos corporativos funcionaban eficientemente. Nosotros éramos una joven organización sin recursos económicos y con mucha voluntad militante. Por supuesto, eso no bastaba.

La consigna fue producto de un trabajo de años. Inspirado en la redacción original del artículo 123 constitucional, el ingeniero Castillo propuso se investigara cuál debería ser el salario mínimo, a efecto de que fuese suficiente “para satisfacer las necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos, considerándolo como jefe de familia”. Por ese motivo, antes que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos fijara el nuevo monto, los Comités Delegacionales y Municipales del PMT aplicábamos encuestas, registrábamos los precios de los productos básicos y con esa información se establecía el costo de la vida promedio de un jefe de familia. Por supuesto, año tras año, como ahora, la cifra que arrojaba la investigación estaba muy lejos del precepto constitucional.

No logramos, en esos años, impactar el proceso de determinación del salario mínimo, tampoco fue, como dije, buen lema electoral. Pero el ejercicio reiterado sirvió para forjar una militancia honesta y comprometida con valores democráticos, que ha alimentado a otras organizaciones sociales y políticas, a universidades y, hasta, a algunas instituciones del Estado mexicano.

Comparto aquí la experiencia, por tres razones.

1.—Ahora que se ha realizado el Foro Internacional: Salarios Mínimos, Empleo, Desigualdad y Crecimiento Económico, organizado por el Gobierno del Distrito Federal, encuentro elementos para continuar pensando que los salarios en México son bajos y que una transformación de nuestra economía orientada a generar mayor prosperidad y bienestar tendría que tomar en cuenta, con seriedad, ese factor.

2.—El salario mínimo se ha convertido, como en otros países, en base para impuestos, multas y gravámenes. Una política para incrementarlo deberá tener en cuenta su impacto en los costos de producción directos e indirectos de todas las empresas y unidades económicas. Aquí se debe incluir, con cuidado, a las micro y pequeñas empresas que, posiblemente, son las únicas que pagan salarios mínimos. No vayamos a tirar al niño con el agua sucia.

3.—Un partido político nacional ha decidido recabar firmas para que en 2015 se realice una consulta popular sobre el salario mínimo. Incluso ha propuesto una cifra de incremento. Esta propuesta, me parece sospechosa. No sólo por electorera, ni porque no se debe preguntar lo que ya sabemos cómo se va a responder, sino porque desde 2007 la Constitución establece que el financiamiento público para los partidos políticos se calcula a partir de multiplicar el 65% del salario mínimo por el número de ciudadanos inscritos en el padrón electoral.

Una vez concretada la transición democrática y desde la perspectiva ciudadana, la consigna puede cambiar. Ahora: Salario mínimo a los partidos, pa’ que vean lo que se siente. Para que se vean obligados a fortalecer su militancia y dejen de ser burocracias alejadas de la sociedad.

 

@leonardovaldesz
Investigador Asociado de El Colegio de México



Editorial EL UNIVERSAL Anticipating Ebola


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