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Rogelio Ramírez de la O

Empleo y mercado interno débiles

Consultor y analista económico, director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning). Su preparación en el ámbito del comerc ...

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16 de julio de 2014

Un hecho aparentemente desconcertante es la caída de la correlación entre utilidades obtenidas por las empresas y la inversión privada. Las más grandes empresas globales han acumulado saldos de efectivo sin precedente de casi 3 billones de dólares o el 18% del PIB de Estados Unidos para los que aparentemente no encuentran uso.

Al no aumentar la inversión, no aumenta el empleo productivo ni mejoran las técnicas de producción. A la larga esto redunda en estancamiento de salarios, lo que hace más chico el mercado.

La experiencia de las últimas dos recesiones globales, en 2001 y luego en 2008, fue que el empleo nunca se recuperó al nivel previo a la recesión. Y cuando lo hizo con retraso fue con empleos de calidad inferior y menores salarios.

En México estos fenómenos han llegado a extremos. La inversión fija bruta apenas creció 2.6% anual de 2001 a 2013. Y aun con los datos más recientes, en abril, cuando se supone que ya se inició una recuperación económica, siguió cayendo 3.5% anualmente. En una aparente paradoja, el gobierno hace muchas menciones a nuevos empleos creados. La explicación es que las cifras así se lo permiten, pues abarcan a una gran mayoría de subempleados y de empleos de salarios muy bajos.

Según la encuesta del Inegi, en el año transcurrido a marzo de 2014 hubo 740 mil nuevos empleos. Este número, sin embargo, incluyó casi 250 mil sin salario especificado o que dice no recibir salario.

Y dentro del mismo total se perdieron 750 mil empleos con más de 3 salarios mínimos, es decir 196 pesos diarios. El aumento del total se basó en los que ganan hasta 3 salarios mínimos, los cuales aumentaron en 1.2 millones. Los datos sugieren una alarmante precariedad en el aparato productivo y en las condiciones sociales. Su efecto sobre la inversión de las empresas y su capacidad para vender y aumentar su tamaño es demoledor, pues no hay forma como el mercado puede absorber su producción, si decidieran aumentarla.

A lo largo del tiempo la precariedad ha cambiado la realidad del país, desde la fisonomía de sus ciudades hasta el estado de ánimo de trabajadores y empresarios.

En 2007 los que ganaron más de 3 salarios mínimos fueron 13.7 millones (30% de los ocupados). Hoy representan 10.7 millones (22% de los ocupados), a pesar de que la población aumentó en 9 millones.

Sin cambios en la política para el empleo, el mercado interno sólo puede crecer si los consumidores se endeudan. No es difícil ver que pronto rebasan su escasa capacidad de endeudamiento y por ello el crecimiento nunca se sostiene arriba de 2.5% anual.

Lo único que podría romper el círculo vicioso es la inversión en desarrollo. Por eso tiene que ser necesariamente inversión pública. Pero si la inversión total es sólo el 20% del producto y de ésta la inversión pública es sólo la quinta parte, su aumento tendría que ser tan alto como imposible para por sí sola impulsar el producto.

China logró esto con mucha inversión pública en infraestructura e industria doméstica que le proveyó los insumos. Requirió de una estrategia macroeconómica, industrial y comercial y un proyecto nacional.

La magnitud del problema de México es demasiada como para que con políticas convencionales se comience a superar la precariedad de empleo y salarios. Sin demérito del control de inflación y déficit fiscal, lo importante es reasignar los escasos recursos públicos, reduciendo el consumo y aumentando la inversión. Sin eso no se reactivará el mercado interno o la inversión privada.

rograo@gmail.com  

Analista económico



Editorial EL UNIVERSAL Frozen wealth


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