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Ricardo Raphael

Las balas de goma sí matan

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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14 de julio de 2014

“¡Le dieron a un niño, pendejos!” Se escucha la voz de un adulto que reclama a los policías, mientras carga en vilo el cuerpo de José Alberto Tehuatlie Tamayo.

Antes de perder el conocimiento, el muchacho de 13 años hurga el costado izquierdo de su cráneo, de dónde brota la sangre que mancha su mejilla y también la camisa a cuadros que traía puesta el día en que la autoridad le disparó.

El video que contiene la memoria de este episodio, ocurrido el miércoles 9 de julio, es insoportable (http://bit.ly/1wj7dZj).

José Alberto es una de las víctimas de la brutal represión experimentada últimamente en el estado de Puebla. El mismo día, otro manifestante perdió un ojo y un tercero recibió una lesión severa en el maxilar, los tres por un tiro con bala de goma.

El origen de la violencia reciente se ubica dentro del Congreso local poblano que aprobó, en mayo, una ley equivocada. Con ella se inhabilitó a las Juntas Auxiliares de los municipios para que continuaran desempeñando funciones de juzgado civil, registrando nacimientos y expidiendo actas de defunción.

El argumento fue que se abusaba con las cuotas y que por tanto esas tareas debían trasladarse a las cabeceras municipales. No se tomó en cuenta, sin embargo, que hay comunidades muy alejadas del Palacio Municipal. Con la nueva disposición hay quien necesita hacer tres y cuatro días de camino para realizar trámites que, entre otros, son fundamentales para enterrar a los deudos.

Pronto comenzaron a crecer las presiones en contra de los presidentes de junta auxiliar, quienes son la encarnación del Estado en las comunidades más apartadas. El problema escaló el pasado 1º de Julio, cuando los habitantes de la Sierra Negra decidieron manifestarse en Tehuacán para mostrar su descontento con la medida. Más de mil 500 personas tomaron simbólicamente el Centro Integral de Servicios de esa ciudad.

En vez de acudir al diálogo, la autoridad estatal respondió con el uso de la fuerza. Envió a la policía para que desalojara la instalación y detuvo a seis líderes del movimiento, a quienes se les imputó el delito de motín.

Ocho días después, por la misma causa, pobladores de varias comunidades próximas a la capital del estado, entre otras San Andrés Cholula y Chalchihuapan, optaron por bloquear la carretera de Atlixco.

La reacción del gobierno fue peor que en Tehuacán. La policía disparó a los manifestantes con balas de goma que en su interior contenían gas lacrimógeno. Una de ellas condujo al borde de la muerte al niño José Alberto Tehuatlie Tamayo.

¿Quién ordenó ese acto de violencia? El secretario de Seguridad Pública en Puebla es Facundo Rosas Rosas. Vale recordar que hace poco más de dos años la Comisión Nacional de Derechos Humanos señaló a este funcionario como responsable de la muerte de dos estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, Guerrero, ocurrida en diciembre de 2011.

Con este antecedente, ¿por qué Rosas es secretario de Seguridad en Puebla? Esa pregunta tendría que responderla el gobernador Rafael Moreno Valle.

Informa Arturo Rueda, director de El Diario Cambio de Puebla, que las balas de goma utilizadas por Rosas en contra de la población debían dispararse en dirección al suelo —con el objeto de que liberaran el gas lacrimógeno— y no hacia la cabeza de las personas.

Cuando acudieron al hospital, Alejandra Montes Ocotl y Elia Tamayo —abuela y madre del menor de edad— ambas fueron confinadas dentro de un cuarto y presionadas para que firmaran un documento donde se afirma mentirosamente que las heridas de José Alberto son el resultado de cohetones lanzados por los manifestantes.

Aseguran haber sido amenazadas con que el tratamiento médico que estaba recibiendo su familiar sería suspendido si no signaban ese texto. Mientras tanto, la procuraduría estatal declaró que el niño fue agredido por su propia comunidad. La Comisión Estatal de Derechos Humanos lo desmiente.

Puebla está atrapada por la arbitrariedad y una lamentable escalada de violencia que reclama un alto definitivo, tal y como Maite Azuela exigió en estas páginas el jueves de la semana pasada. Mientras tanto, cabe aguardar a que el niño Tehuatlie Tamayo salve la vida.

 

www.ricardoraphael.com
@ricardomraphael
Periodista



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