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Editorial EL UNIVERSAL

Pocos ricos, muchos pobres

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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20 de junio de 2014

El ingreso promedio por hogar en México es de casi 14 mil pesos al mes. Sin embargo, apenas uno de cada diez habitantes logra un salario de 10 mil pesos o más mensualmente. ¿Cómo es posible esta discrepancia? La respuesta es la desigualdad. El promedio no refleja que muy pocos ganan muchísimo mientras la enorme mayoría percibe sueldos miserables.

De acuerdo con el estudio El aumento de la desigualdad México es el país con la mayor brecha entre el decil de la población con los ingresos más altos y el 10% más pobre. La décima parte más acaudalada de los mexicanos obtiene 30.5 veces más dinero que la décima parte menos próspera.

Otros países de la OCDE: Chile, Turquía y Estados Unidos registraron también muy altos niveles de desigualdad, pero México es el que concentra los peores indicadores en más de un rubro: tan sólo entre 2007 y 2010 el diferencial de ingresos entre los dos extremos de la gente aumentó de 26.8 veces a 28.5 veces. El país además fue líder en cuanto a la tasa de pobreza laboral, es decir, aquellas personas que pese a estar empleadas no tienen los recursos suficientes para cubrir necesidades básicas como alimentación.

Hay una razón externa para el panorama negativo: la crisis económica mundial que dejó a cientos de miles sin trabajo y de la cual no nos hemos recuperado, pues los empleos posteriores a 2008 bajaron en calidad. Sin embargo, incluso las dificultades foráneas podrían haber sido mejor sorteadas si antes se hubiera atendido con eficacia el mal de la desigualdad. Se tendría un mercado interno con más consumidores, una base fiscal más amplia y ciudadanos con mayor capacidad de generar fuentes de riqueza propias.

No es cuestión de voluntad política solamente, hace falta crear espacios de oportunidad —como los abiertos con las reformas económicas recientes— pero también garantizando trato justo a trabajadores, piso parejo entre competidores y una red de seguridad social con mejor calidad.

La población no se ha acostumbrado a la pobreza. En las encuestas del Latinobarómetro ha venido a la baja la apreciación en México por la democracia y su capacidad de mejorar el nivel de vida. De hecho, en el último estudio un abrumador 37% dice que le da lo mismo si el sistema en el que vive es democrático o autoritario, en tanto sólo 36% se manifiesta favorable al primero.

Estrechar la brecha de desigualdad es crucial para el futuro del país.



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