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Ricardo Raphael

El Mexiquito y el Mexicote

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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26 de mayo de 2014

Las expectativas económicas se deslizan, sin detenerse, por la jabonosa resbaladilla de la decepción. Trimestre tras trimestre se nos ha hecho tradición el ajuste a la baja.

De acuerdo con el INEGI, el crecimiento del primer trimestre de este año apenas si alcanzó una tasa de 0.28%, con respecto al trimestre anterior. Comparado con el mismo periodo del año pasado, la cifra fue de 0.64%. Cualquier ejercicio de medición deja mal sabor de boca. La barca no va.

Enlisto las razones que otros han dado antes: la reforma fiscal inhibió el consumo y el gasto; la inversión del gobierno, sobre todo en infraestructura, sigue paralizada; el mal desempeño de la economía estadounidense arrastra a México; la falta de conclusión con las reformas secundarias tiene paralizadas las posibilidades; las medidas del Pacto por México fueron insuficientes.

Es innegable que estas variables, en su conjunto, hacen que la economía mexicana toque una mala sinfonía. Y sin embargo no estoy seguro que su resolución cambiaría los resultados pobres, reportados la semana pasada.

Vale especular, por ejemplo, con la reforma fiscal. Supongamos que mañana el Congreso vota regresar al marco contributivo que existía en 2012. Me cuesta trabajo creer que ese solo hecho relanzaría la maquinaria.

Del lado del gasto gubernamental la hipótesis tampoco se aprecia contundente. Aun si el gobierno de Enrique Peña Nieto lograra arrancar, desde ya, la obra pública prevista para el periodo 2014-2018, falta tiempo antes de que ésta mueva a la economía. No son para mañana el aeropuerto de la ciudad de México, los trenes a Toluca y Querétaro o el desarrollo de Itsmo de Tehuantepec. Quien diga lo contrario es un demagogo.

El problema con la economía estadounidense radica en que los mexicanos no podemos hacer mucho para que su desempeño cambie. Con respecto a las reformas, me temo que desde un principio fueron sobrestimadas. Nunca más un economista serio habría de permitirse valorarlas en puntos del PIB, so pena de ser acusado de alquimista o médico brujo.

Cabría preguntarse si el problema no está en otra parte. O mejor dicho, si no está donde siempre ha estado: México tiene un severo problema de productividad que explica su imparable deterioro.

¿De qué nos sirve contar con una población económicamente activa tan amplia — la número 11 del mundo— si va a la baja el aporte promedio a la riqueza nacional que cada mexicano puede hacer con su trabajo?

Hay un sector de mexicanos que es tremendamente productivo; tiene capacidad de innovación, compite con el extranjero, paga impuestos, cuenta con mano de obra calificada y un muy alto nivel de formación. Prácticamente la totalidad de las ganancias en productividad del país provienen de ahí. De un sector que, según el McKenzie Institute, está integrado principalmente por empresas con 500 o más empleados (Reporte sobre productividad en México).

Lo lamentable es que dentro de este México solo viven dos de cada diez mexicanos. En el otro —que el economista Fausto Hernández llama el Mexicote— habitan los restantes ocho. Son personas arrojadas a empleos mal pagados y que con seguridad no mejorarán su situación. En el Mexicote abundan los puestos de tianguis, las panaderías, las tiendas de la esquina, los vendedores en la calle, los ruleteros, la producción rural de autoconsumo, los viene-viene y un largo etcétera de seres humanos desperdiciados por una economía que, para funcionar, los necesitaría ubicar en otra parte.

No alcanza este espacio para desplegar la agenda necesaria a favor de la productividad mexicana. Pero sí puede adelantarse que esa agenda habría de buscar, por sobre todas las cosas, agrandar el Mexiquito al tiempo que saca del Mexicote a la inmensa mayoría.

Trasladar a la población de los sectores improductivos para que pueda participar de la economía que sí es capaz de crecer resulta el principal reto estructural del país. ¿Qué tal un gran Pacto Nacional a favor de la Productividad? No suena descabellado y es indispensable.

 

@ricardomraphael
www.ricardoraphael.com
Periodista



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Editorial EL UNIVERSAL Mexico and its poverty


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