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Porfirio Muñoz Ledo

El compromiso de Gabo

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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26 de abril de 2014

Nunca hemos vivido un despliegue de admiración y fervor en torno a un personaje de la cultura latinoamericana como el que ocurrió con motivo de la muerte de Gabriel García Márquez. La presencia entremezclada de su país de origen —Colombia— y su país de adopción —México—, más que subrayar una doble pertenencia puso de manifiesto el carácter continental de la obra y del perfil humano del escritor. Días después, en Madrid, Elena Poniatowska dijo que el Gabo le puso alas a América Latina. La anhelada ciudadanía latinoamericana cuenta ya con un brillante e indiscutible ejemplar que se multiplica en millones de lectores.

Pocos escritores han alcanzado tan extraordinaria reputación literaria a la vez que un ascendiente popular, legítimamente ganados por su genialidad y calidez. Acompañado de un puñado de hombres de letras de nuestra región, logró generar un polo de creación que redimensionó la literatura de nuestro subcontinente y la colocó en el centro de la atención mundial.

Gabo supo encontrar con maestría los puntos de contacto entre la obra literaria y nuestra realidad. Sus orígenes como periodista le enseñaron a descubrir los hechos, a comprenderlos y otorgarles su verdadera dimensión. Así el “realismo mágico” no es, sino el descubrimiento de los componentes y las significaciones que entre nosotros tiene la vida cotidiana. De manera semejante a la expresión de André Breton en el sentido de que México era un país surrealista.

García Márquez, en su discurso al recibir el premio Nobel, dijo sobre nuestro acontecer regional “es ésta una realidad descomunal y no sólo su expresión literaria la que este año ha merecido la atención de la academia sueca. Una realidad que no es la del papel sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas…”

Supo retratar con fidelidad la solitaria y mísera humanidad de los dictadores aberrantes y nos contó, sobre todo, que la vitalidad, alegría y rebeldía del pueblo llano trasciende la tragedia de nuestras compartidas historias. En la conjunción de estos elementos subyace lo que ha maravillado al mundo: la capacidad liberadora del quehacer cotidiano y de la imaginación más allá de las miserias de la dominación política y de los cataclismos físicos.

Como a todo hombre de su generación le fue ineludible tomar posiciones y asumir compromisos ideológicos. Lo hizo siempre con mesura y eficacia; fue un hombre indivisible y de intenso pero discreto activismo político que obedecía a las mismas motivaciones por las que escribía sus libros.

El carácter universal de García Márquez reside en que contribuyó poderosamente al ensanchamiento de la lengua española. Posicionó sus obras en vida como clásicos de la literatura, ¿podríamos imaginar lo que se dirá de ellas dentro de 400 años?

Su mirada, entrenada en la observación inquisitiva de los hechos, fue el fundamento de su creación literaria; reflejó su fascinación por desentrañar los vicios y virtudes del poder, tanto como la riqueza inacabable de las costumbres y las aspiraciones vitales de sus contemporáneos. Buscado por los hombres del poder, no se desentendió jamás del hombre común.

Entendió en su cabalidad los vínculos y similitudes de nuestros pueblos: su unidad dentro de la diversidad, así como las utopías que nos identifican y las tareas comunes a los que no debemos escapar. Lo recordamos en su propia voz cuando reprochó a las grandes potencias el reconocimiento parcial que hacen sobre la originalidad de las letras latinoamericanas frente al desdén y los obstáculos que enderezan contra los modelos autónomos de desarrollo y cambio social que algunos de nuestros países han iniciado soberanamente.

El legado de García Márquez trasciende al universo de las letras en la medida que contribuye a consolidar el espíritu comunitario de nuestros países y el diálogo intercultural de nuestras naciones como vías idóneas para enfrentar la globalidad desenfrenada que se nos impone. En ese sentido su obra es una permanente revelación sobre el ámbito de libertad de la acción humana.

Comisionado para la reforma política del DF



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Editorial EL UNIVERSAL Forfeiture


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