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Andrew Selee

Círculos virtuosos contra la violencia

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12 de abril de 2014

Ciudad Juárez, Tijuana, Monterrey. Tres ciudades que han vivido el embate de la violencia a niveles casi inimaginables. Tres ciudades que han logrado hacer frente a esta crisis y viven hoy con niveles mucho más bajos de violencia. Ninguna de estas tres ciudades ha logrado resolver el problema del crimen organizado, ni eliminar los homicidios, la extorsión y los secuestros, ni son casos perfectos. Pero las tres merecen reconocimiento por haber aguantado y sobrevivido una crisis mucho peor y desarrollado estrategias para salir adelante.

Para hacerlo, estas tres ciudades lograron generar un círculo virtuoso entre esfuerzos oficiales diseñados a desintegrar a los grupos criminales y los esfuerzos cívicos para reconstruir el tejido social, asi como coadyuvar a las estrategias policiacas y monitorear a las autoridades en su cumplimiento de compromisos. En un nuevo libro, Construyendo comunidades fuertes en México: respuestas cívicas al crimen y violencia autores mexicanos y estadounidenses postulan que hacer frente a la violencia requiere más que estrategias policiacas, sino también necesita de esfuerzos cívicos en que los ciudadanos deciden retomar sus ciudades y vigilan a los esfuerzos gubernamentales. (El libro gratis en inglés está en www.wilsoncenter.org/mexico y pronto se traducira al español.)

En Tijuana, ciudad en la que viví durante más de cinco años, se logró generar, por un lado, una estrategia conjunta entre el Ejército, la procuraduría estatal y la policía local, algo poco común en México, y por otro lado una ola de rechazo ciudadano al cartel local y sus nexos con el poder público, liderado por un sinfín de grupos cívicos locales y con el apoyo del periódico Zeta que siguió publicando artículos sobre esto a pesar de las amenazas.

En Monterrey, se creó un esfuerzo tripartita entre la comunidad empresarial, grupos cívicos locales y el gobierno estatal para reconstruir desde la raíz al cuerpo policiaco estatal, algo que finalmente empieza a dar resultados importantes. Una clave en Monterrey, fue que los empresarios contribuyeron con dinero para reconstruir el cuerpo policiaco bajo un modelo moderno y a apoyar a los grupos cívicos que monitoreaban el cumplimiento de los acuerdos.

En Ciudad Juárez, que llegó a ser en su momento la ciudad más violenta del mundo, la experiencia fue mucho más compleja y conflictiva, pero no menos exitosa. La matanza de 16 jóvenes en la colonia Villas Salvarcar catalizó un movimiento de hartazgo y enojo contra las autoridades y provocaron, al fin, una atención profunda y sostenida que había faltado antes. También le dio valentía a la comunidad a retomar sus calles. El asesinato de un periodista reconocido provocó, además, que la prensa desafiara a la censura implícita que se había dado en la ciudad.

De hecho, en todos estos casos, la sinergia entre autoridades y ciudadanos nunca se logra fácilmente. Los ciudadanos desconfían de la capacidad y las intenciones del gobierno, y el gobierno casi siempre resiste la crítica que viene desde el público. Crear este círculo virtuoso no es un proceso fácil y requiere construir confianza poco a poquito. Y tampoco es suficiente que gobierno y ciudadanos empiezan a trabajar para lo mismo. A pesar del éxito relativo de lo que se ha vivido en estas tres ciudades, siguen muriendo ahí muchos jóvenes porque las condiciones para el crimen siguen vigentes. Mientras haya hambre por las drogas ilegales al norte de la frontera e instituciones débiles de procuración de justicia al sur, no se resolverá el problema, sólo se puede mejorar y manejar.

Es positivo que el actual gobierno está invirtiendo en la prevención de la violencia, un esfuerzo que pone el énfasis en las comunidades y su capacidad de hacer frente al crimen. También es alentador ver en Michoacán que se ha empezado a detener a líderes políticos de alto nivel que parecen tener nexos con el crimen organizado, lo cual manda un señal de confianza a los ciudadanos que las autoridades están tomando en cuenta sus demandas para la justicia. Pero reconstruir el tejido social y generar un círculo virtuoso de respuesta a la violencia entre gobierno y ciudadanos requiere de tiempo, paciencia y compromiso, y aún hay demasiados pocos casos exitosos de esto. Ojalá Michoacán se agregue a la lista.

Vicepresidente ejecutivo del Centro Woodrow Wilson



Editorial EL UNIVERSAL Limiting provisional arrest


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