aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Maite Azuela

Premio Nacional a Marcelina Bautista

Maestra en Políticas Públicas, Universidad de Concordia, Canadá. Fue servidora pública en el Instituto Federal Electoral (IFE), el Institu ...

Más de Maite Azuela



ARTÍCULOS ANTERIORES


Ver todos sus artículos

29 de marzo de 2014

Marcelina nació en Oaxaca en un pueblo llamado Tierra Colorada Nochixtlán que en mixteco se dice Nuanduco y significa lugar de grana. Aunque había concluido la primaria no dominaba el español, pero eso no fue impedimento para que decidiera trasladarse al Distrito Federal en busca de trabajo. Nochixtlán no ofrecía mayores opciones que la siembra y cosecha de nopal del que se extrae de la cochinilla, un parásito rojo brillante que se utiliza como colorante natural. Los ingresos que representaría su esfuerzo en el campo serían escasos. Así que como muchas de las mujeres jóvenes de su región, siendo una adolescente de 14 años decidió buscar mejor suerte en la ciudad de México.

Marcelina me cuenta que llegó a la casa de una familia judía que estaba cerca del Toreo. Fue su primer trabajo antes de cumplir los quince años. En una ocasión la llevaron a una fiesta masiva en la que la pusieron a cargo del cuidado de varios niños. Uno de los pequeños buscaba a sus papás entre la gente y Marcelina se disputaba entre dejar a los demás solos o correr tras él. Cuando casi lo alcanzaba, el niño cayó a la alberca. El padre entro al agua y lo rescató de inmediato. El abuelo arremetió contra Marcelina y le dijo con voz alta y beligerante: estuvo usted a punto de convertirse en asesina. Marcelina entendió el enojo de aquel hombre, pero la idea de que la vida de un ser humano dependiera de ella a cambio de condiciones económicas y emocionales tan restrictivas, la llevaron a pensar que tenía que conseguir cambios reales para su vida y la de quienes como ella, se dedicaban al trabajo del hogar.

A pesar del miedo de hacerse cargo de hijos ajenos, aprendió a estar alerta, a cuidarlos y a entretenerlos. Estuvo en cuatro casas y además de realizar las labores del hogar siempre cuidó niños. Como sucede con muchas familias y trabajadoras del hogar entabló una relación entrañable con dos de los infantes de los que se hizo cargo durante 14 años: Gabriela y Saúl. Cuenta Marcelina que a Saúl lo recibió de 7 meses y que cuando lo acompañó a su primer partido de futbol, él le dedicó su gol. Sin embargo, con los años esta familia no podía cubrir los ingresos de Marcelina y decidió moverse de ahí.

El cariño a las personas para quienes se trabaja no compensa la falta de derechos. Mercelina como los 2 millones 300 mil trabajadoras del hogar, no contaba con contrato, horario, prestaciones, seguridad social ni vacaciones. Trabajó en otros hogares y vivió 21 años en condiciones constantes de desigualdad. Si entendemos que la discriminación es cualquier distinción, exclusión o restricción que atente contra la igualdad, Marcelina experimentó segregación por su origen étnico, género, lengua, condición social y económica. Todas estas características que en sociedades ignorantes producen rechazo, condenan a millones de personas a vivir en condiciones inhumanas. No fue solo su eexperiencia la que la motivó, sino la certeza de que como ella había muchas mujeres que por necesidades económicas y escasos recursos educativos se sometían a condiciones injustas de trabajo.

Con otras compañeras se capacitó tres años en materias de Derecho Laboral y en 1988 creó el Grupo de Trabajadoras del Hogar “La Esperanza”, que ofrecía capacitación y bolsa de trabajo para las mujeres con problemas. Participó en el Primer Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Trabajadoras del Hogar celebrado en Colombia. En el 2000, fundó el CACEH, donde actualmente se imparte información patronal, valorización económica y social de la labor doméstica y derechos sexuales y reproductivos. Activa participante en foros internacionales sobre trabajo digno, estuvo en Ginebra, Suiza, en la Aprobación del Convenio sobre el Trabajo Decente para las Trabajadoras y Trabajadores Domésticos, el 16 de junio de 2011.

Hoy concentra su lucha en impulsar la firma del Convenio 189 y en promover una reforma laboral seria e integral que incluya derechos que se les han restringido. Por su admirable trayectoria, el próximo lunes recibirá de manos de Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, el Premio Nacional contra la Discriminación que otorga el Conapred. En palabras de Marcelina Bautista recibir este reconocimiento será una ratificación de su reclamo para conseguir el bienestar de las trabajadoras que no gozan de los derechos mínimos. Se siente contenta, pero con toda honestidad dice que se sentiría más satisfecha si lo que se entregara el próximo 1 de abril, fuera una ley integral de derechos laborales para las trabajadoras del hogar.

Analista política y activista ciudadana



Editorial EL UNIVERSAL An inefficient water supply


PUBLICIDAD