aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Gabriel Guerra Castellanos

Gambito ruso

Es presidente y director general de Guerra Castellanos y Asociados, empresa líder en temas de comunicación estratégica.

Tiene una ampl ...

Más de Gabriel Guerra Castellanos



ARTÍCULOS ANTERIORES


Ver todos sus artículos

24 de marzo de 2014

Una vez consumadas la ocupación militar y la anexión de Crimea, el gobierno ruso se sienta a contemplar el nuevo escenario geopolítico que tiene frente a sí, mientras que sus adversarios en Washington y las capitales europeas se enredan en un juego de retórica altisonante y sanciones tímidas. A todo esto, el gobierno ucraniano azuza los ya de por si caldeados ánimos y no sabe o no quiere desmarcarse de los extremistas y xenófobos en su seno.

Lo que comenzó como una disputa política interna, casi doméstica, entre adversarios y partidarios del depuesto presidente Viktor Yanukovich, se ha convertido ahora en una de las peores crisis desde el fin de la Guerra Fría. La mayoría de las interpretaciones tienden al maniqueísmo. En Occidente se llora por el pobre gobierno liberal y demócrata de Ucrania bajo el asedio de la Rusia expansionista y autoritaria, mientras que en Moscú y más allá se celebra que se le haya puesto un alto a los afanes injerencistas de EU y Europa Occidental.

Europa (entendiendo por ella a las tradicionales potencias de Alemania, Francia, y Gran Bretaña) y Rusia llevan siglos observándose, haciendo la guerra, la paz, negocios, tratos y acuerdos que a veces se rompen, pero en términos generales se conocen y se entienden, aunque no se quieran.

Las cosas son distintas con EU, que “descubrió” a Rusia, o mejor dicho a la Unión Soviética, apenas durante la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la guerra, cuando los estadounidenses se dieron cuenta del enorme poderío militar e ideológico que acompañaba a las victorias en el campo de batalla y la conquista de medio continente por parte de Stalin y los suyos, las cosas cambiaron radicalmente.

A partir de entonces, Washington y Moscú se obsesionaron el uno con el otro y llevaron al mundo hasta el precipicio de un conflicto nuclear, en una competencia ideológica, económica, política y militar que tocó prácticamente todos los rincones del planeta. No es exagerado decir que las principales decisiones de política exterior de EU y de la URSS se tomaban en función de cómo acotar, limitar o afectar al otro. En ambos países los cuadros que se especializaban en el adversario eran legión, y los llamados sovietólogos hicieron larga carrera en Washington, ocupando posiciones clave en gobiernos demócratas y republicanos.

Con el fin de la Guerra Fría, tras el colapso de la Unión Soviética, muchos en EU se desentendieron de la nueva Rusia, salvo para menospreciarla y buscar acotarla. Boris Yeltsin, que era un mal presidente cuando estaba sobrio y aun peor cuando bebía, le puso las cosas en bandeja de plata a Occidente, que amplió su esfera de influencia y arrinconó a los rusos.

Lo que no leyeron los occidentales fue que la llegada de Vladimir Putin cambiaba fundamentalmente el estado de cosas, y que la visión del nuevo mandamás ruso no es ideológica, sino esencialmente nacionalista. Para Putin se trata de restablecer el poderío, el estatus, el prestigio que durante tantos años tuvo, a las buenas o a las malas, Rusia.

Lo que hoy sucede en Crimea, y el flexionar de músculos de Putin, no es sorpresa para quien lo haya seguido con atención. El este de Ucrania es territorio clave para los rusos, y era infantil pensar que así como así se dejarían arrebatar a una región que consideran parte de su historia pero, sobre todo, de su esfera de control y seguridad. Si no puede tener a una Ucrania aliada o sometida, querrán tenerla atemorizada y limitada.

Como en la mayoría de los conflictos, no hay buenos ni malos absolutos y hay muchos más tonos grises que blancos o negros. De lo que no me queda duda es de que mientras Putin está jugando ajedrez, sus adversarios están ensayando su dominio de las canicas. El tablero está puesto.

Twitter: @gabrielguerrac

Internacionalista



ARTÍCULO ANTERIOR Gambito ruso
Editorial EL UNIVERSAL In need of certainty on telecoms


PUBLICIDAD