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Luis Fernando De La Calle Pardo

Lecciones de Crimea

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Vladimir Putin, con sus acciones en la península, ha adelantado el reloj y forzado la entrada de Ucrania a la Unión Europea

20 de marzo de 2014

El fin de los juegos olímpicos de invierno de Sochi en Rusia coincidió con el recrudecimiento de los problemas en Kiev, la salida intempestiva del entonces presidente de Ucrania Viktor Yanukovich y fue preámbulo para el referendo secesionista de Crimea este fin de semana pasado.

Históricamente, Rusia ha visto a Ucrania como parte de su territorio, no sólo como su patio trasero; a Crimea aún más. Por supuesto, esto no justifica la intervención rusa ni la masiva presencia militar en esta península clave en el mar Negro.

Los acontecimientos históricos durante las últimas semanas han pasado bastante desapercibidos en un México concentrado en sus propias reformas, predicciones de crecimiento, corrupción rampante y disputas políticas. La crisis venezolana, más cercana, tampoco ha recibido el interés que merece.

No hace mucho tiempo, antes de la apertura democrática, en México había una mayor cobertura internacional, aunque sólo descriptiva, pues lo interno no podía ser cubierto con libertad. Hoy Crimea y Caracas parecen pleitos lejanos, como si no impactaran al país ni tuviera que tenerse opinión sobre ellos. No obstante, es erróneo abstraerse de lo que pasa en el resto del mundo. La importancia del caso venezolano es clara para el futuro de la región y la transición cubana.

Los eventos en el mar Negro también son relevantes: por un lado, el precedente puede ser muy peligroso, y en especial en una región del mundo llena de países que aspiran a su propia independencia. Los más vulnerables a las fuerzas centrífugas pueden ser, justamente, los rusos. La Federación Rusa contiene una serie de subregiones, muchas de ellas de mayoría musulmana, que podrían un día optar por la separación. Los acontecimientos posteriores a la caída del mundo de Berlín en 1989 prueban que la solidez de una unión, como la de las repúblicas socialistas soviéticas, quizá no lo sea tanto. China tiene también fuerzas centrífugas en un porcentaje importante de su territorio oeste, además de Tíbet, en donde ha habido ataques terroristas recientemente.

Europa occidental no está exenta de este reto: este año habrá un referendo secesionista en Escocia, lo puede haber en Cataluña, el país Vasco, Córcega, Lombardía y otras subregiones más. Es claro que no es equiparable un referendo con tropas invasoras, una gran base naval en Sebastopol y un porcentaje importante de la población de origen ruso, que el proceso democrático separatista en Escocia y, potencialmente, Cataluña. Pero sí cabe preguntarse si los referendos son válidos sólo para unos, pero no para otros.

Quizá fuera mejor organizar un auténtico referendo en Ucrania y Crimea con las siguientes preguntas: ¿Prefiere usted que Crimea sea parte de la Federación Rusa o de Ucrania? ¿Si la mayoría de la población de Crimea acepta separarse de Ucrania, prefiere usted que el resto de Ucrania se una a la Federación Rusa? ¿Prefiere usted que Ucrania sea parte de la Unión Europea?

Los resultados del referendo irregular del domingo eran inevitables dada la masiva presencia rusa en Crimea y su fuerte incentivo para votar, no así el de las poblaciones ucraniana y tártara. Si bien es lógico que la Unión Europea y Estados Unidos lo condenen y amenacen con el establecimiento de sanciones para Rusia con objeto de reprobar la secesión y desalentar otras futuras, la clave será qué pase en el resto de Ucrania en los próximos años. Desde la caída del muro de Berlín Ucrania se convirtió en el territorio de amortiguamiento entre la UE y Rusia. De hecho, la crisis actual surge del movimiento popular, que cristalizó con las manifestaciones en Kiev, para impulsar un acuerdo de libre comercio con Bruselas. Vladimir Putin, con sus acciones en Crimea, ha adelantado el reloj y forzado la entrada de Ucrania a la UE.

Amén de las sanciones, el éxito europeo debe consistir en la transformación, democrática, de una Ucrania sin Crimea (ya se verá si su parte oriental permanece) en un país moderno, de instituciones, estado de derecho, libertades y crecimiento económico. Lograrlo implicaría tener una democracia liberal altamente atractiva en la frontera rusa, que sirviera como ejemplo para otras repúblicas e incluso para la propia sociedad rusa.

La crisis de Crimea también es importante ya que subraya una de las ventajas comparativas fundamentales de México: su relativa lejanía de los conflictos geopolíticos del siglo XXI (¡no así en el XIX!). En este contexto, si se invirtiera en la propia estabilidad, podría convertírsele en la principal ventaja comparativa. No es tarea fácil. Se requiere de la estabilidad macroeconómica, que hay que refrendar constantemente y restablecer la credibilidad en materia de déficit públicos. Se requiere de la estabilidad política de una democracia liberal funcional y donde es menester reducir de manera radical los montos gastados, muchos de ellos ilegales, en campañas políticas. Y se requiere también la instauración del estado de derecho. Se habla mucho del poco crecimiento de la productividad, pero no se enfatiza que la principal razón que lo explica es la falta de certidumbre jurídica. Sin ella, no es posible financiar planes para cambiar a actividades, regiones o sectores de alta productividad. Sin ella, no tiene sentido invertir en creatividad e innovación si no se respetan derechos de propiedad, ni en mejoras en eficiencia que sean vistas como contrarias a la competencia.

Sin ella, no tiene sentido progresar para sufrir extorsión, robo y aun secuestro.

Aquí, la crisis de Crimea puede servir para subrayar que vale la pena invertir en la estabilidad y convertirla en la principal ventaja comparativa para apuntalar el desarrollo.

Allá, se verá en algunos años si el modelo de la UE logrará que Ucrania esté mejor que Crimea rusa.

 

@eledece 



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Editorial EL UNIVERSAL Like human cattle


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