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Enrique Berruga

La lógica de Putin

Diplomático y escritor. Representante Permanente de México ante la ONU de 2003 a 2007. Embajador de México desde 1995. Fue Subsecretario par ...

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13 de marzo de 2014

Vladimir Putin ha gobernado de facto a Rusia desde la desaparición de la Unión Soviética. Primero como poder tras el trono cuando era Presidente Boris Yelstin y en los últimos quince años como presidente y primer ministro. Como agente de la KGB en Berlín vivió en todo su esplendor las tensiones de la Guerra Fría. Nunca le agradó que la URSS se desmantelara. Una de sus preocupaciones centrales ha sido, desde entonces, restaurar la reputación de Rusia como una gran potencia mundial.

A falta de una economía fuerte, nuevas creaciones tecnológicas o grandes contribuciones culturales, Putin ha puesto en la mesa sus mejores y quizá únicas cartas: su indudable importancia energética y, sobre todo, su influencia política y el enorme aparato militar con que cuenta. Putin es consciente de que no está en condiciones de competir con China en manufacturas, con el Reino Unido en las finanzas o con Estados Unidos en alta tecnología. Recurre por ello a su principal fortaleza: las herramientas políticas. Este es un reconocimiento de la realidad, pero también el área en la que se desenvuelve con mayor naturalidad.

La crisis de Ucrania, incómoda para Washington y Bruselas, le viene a modo para mostrar la influencia que Rusia sigue ejerciendo mundialmente. Si en Siria se ha afirmado como la potencia que define el conflicto, buscará mostrar ese músculo en Ucrania, la ex república soviética más importante.

Salvo China que ha guardado prudente silencio, la crisis ucraniana ha desnudado las motivaciones políticas de las grandes potencias. La remoción del gobierno pro-ruso en Kiev está salpicando a todos. Casi todos los actores importantes están cayendo en contradicciones y utilizando dobles raseros. Moscú, para empezar, argumenta que los ciudadanos de Crimea tienen derecho a separarse de Ucrania por medio de un referéndum, pero niegan el mismo derecho a los chechenos y a Daguestán. La mayoría de la Unión Europea (salvo España) reconoció la independencia de Kosovo, pero se opone a la de Crimea. España rechaza este tipo de separaciones porque podría validar la independencia de Cataluña, que tiene un plebiscito convocado para fines de año. El Reino Unido tiene pendiente un referéndum para la independencia de Escocia, con la diferencia de que Londres lo ha aceptado, mientras que Kiev se opone a que los habitantes de Crimea lo acuerden en las urnas.

Cada quien va acomodando el ejemplo de Ucrania a sus necesidades políticas.

El presidente de Estados Unidos ha esgrimido dos argumentos en contra del despliegue militar ruso en Ucrania: la violación del derecho internacional y lo que Obama ha calificado como “razones inventadas” por Putin. La reacción de Moscú no se hizo esperar; le respondieron al ocupante de la Casa Blanca que para razones inventadas ahí está el ejemplo más gráfico de la ocupación norteamericana de Irak, con el pretexto de las armas de destrucción masiva que según ellos poseía Saddam Hussein y que jamás fueron mostradas.

De rebote, Alemania se ha convertido en el principal ganador de la crisis ucraniana. Angela Merkel es la única interlocutora confiable entre Estados Unidos y Rusia. La canciller alemana, nacida en la extinta RDA, habla ruso, mientras que Putin habla alemán por sus años de espía en Berlín Oriental. Si bien goza de una comunicación especial con el mandatario ruso, ha sido crítica de Putin cuando lo amerita; hace unos días se filtró su visión de que Putin maneja una lógica distinta (algunos cables dijeron que lo que en verdad habría dicho es que estaba perdiendo contacto con la realidad). Las propuestas de Merkel para encontrar una salida a la crisis ucraniana son las únicas que parecen aceptables a todos por el momento. Propuso la creación de un “grupo de contacto” que logre acercar a las partes y encontrar una solución pacífica. Ante el veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, esta es la mejor apuesta.

Rusia ha leído la confusión y debilidad de la respuesta norteamericana. Estando el arsenal ruso de por medio, EU no parece dispuesto a utilizar su fuerza militar para salvar la integridad territorial de Ucrania. Esto permitirá a Putin concluir su obra como potencia indiscutible en sus antiguos territorios.

 

Presidente de COMEXI



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Editorial EL UNIVERSAL A stable bed for Michoacan


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