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José González Morfín

Instituciones, legado de Gómez Morín



26 de febrero de 2014

Este 27 de febrero se cumple un aniversario más del natalicio de uno de los mexicanos más destacados del siglo XX: Don Manuel Gómez Morín. Él no sólo fue fundador e ideólogo del Partido Acción Nacional, también hizo aportaciones centrales para la vida política y las instituciones gubernamentales de nuestro país.

Por ejemplo, Gómez Morín sabía que si el gobierno hacía un reparto agrario, los campesinos podían tener tierra; pero si no tenían recursos para volverla productiva, no iban a volverse productivos y prósperos. Por eso creó el Banco de Crédito Agrícola, para brindar asesoría y financiamiento a los campesinos a fin de que pudieran hacer producir sus parcelas para traer recursos a sus familias. También creó el Banco de Avío, que fue la primera institución de crédito dedicada a otorgar crédito a los municipios de México. Ese banco creció y se fortaleció hasta convertirse en el actual Banobras.

Don Manuel era un convencido de que, más allá de pulsiones políticas del momento, las instituciones daban fortaleza y coherencia de largo aliento a la acción del Estado a través de la técnica, que él entendía como “la íntima unión de realidad, propósito y procedimiento”. Con esa visión puso los cimientos del Banco de México, que es la institución que dio orden y estabilidad a la economía nacional luego de la Revolución Mexicana y que hoy sigue siendo piedra angular de estabilidad financiera.

Así, Gómez Morín veía en las instituciones las herramientas para construir un nuevo orden social más justo, orientado al bien común. Para él, las instituciones debían ordenar el poder del Estado, por una parte, y por la otra abrir vías para la participación democrática del individuo en la política. De ahí que su ideario humanista encontrara su mayor expresión en la creación del PAN, plataforma desde la que comenzó la “brega de eternidad” para abrir el sistema político mexicano a los vientos de la democracia, en una época en la que hablar de elecciones libres era, por lo menos, una utopía.

Hoy que se han aprobado varias reformas estructurales importantes para México, me parece muy pertinente y necesario recordar esta visión de las instituciones en la construcción de un proyecto de nación incluyente. Sí, ya tenemos reforma energética. Sí, ya contamos con reformas educativa, de telecomunicaciones y de competencia económica. Ahora, hace falta la creación de nuevas instituciones sólidas e independientes, que más allá de las visiones políticas de corto plazo den coherencia a una nueva y mejor realidad para México.

Es fundamental, por ejemplo, que el Instituto Nacional de Elecciones muestre en su composición y diseño una fortaleza e independencia que pongan más allá de toda duda su imparcialidad política y su capacidad para organizar comicios. Es necesario que el Instituto Federal de Telecomunicaciones cuente no sólo con las herramientas legales, sino con los recursos humanos y técnicos para ejercer su papel como órgano regulador fuerte e imparcial, capaz de brindar certidumbre a la inversión a través de la aplicación rigurosa de la ley. Y qué decir del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, que tiene el enorme desafío de evitar que la reforma educativa quede en papel.

Todas esas nuevas instituciones serán el legado de esta generación al futuro de nuestro país. Tenemos que hacer que, gracias a un diseño legislativo bien pensado, basado en la técnica y el propósito, su vida sea larga y su aportación sea positiva y duradera. Que no sean edificios huecos cimentados sobre buenas intenciones, sino que realmente representen una mejoría tangible sobre el arreglo institucional previo. Claramente, el desafío es, como lo decía Gómez Morín, “el de acertar en la definición de lo que será mejor para México”.

 

@jglezmorfin
Diputado federal por el PAN



Editorial EL UNIVERSAL Acusados sin pruebas


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