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Porfirio Muñoz Ledo

Por una nueva Constitución

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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08 de febrero de 2014

La Constitución de 1917 condensa las luchas históricas del pueblo mexicano. El establecimiento de la soberanía popular, el triunfo del proyecto liberal del siglo XIX, la conquista de la Independencia nacional, la instauración de la forma republicana de gobierno y el Estado secular; así mismo la incorporación de las demandas de los sectores más vulnerables heredados de la Colonia, a saber la propiedad social de la tierra y la lucha de las clases trabajadoras.

La Constitución mexicana es una de las cinco más antiguas y una de las más reformadas del mundo. Su longevidad ni es muestra necesariamente de una fortaleza genética o de una proverbial sabiduría política. Es significativo el sentido de pertenencia que los mexicanos tenemos en la Carta Magna por la simbología que entraña, a pesar que no ha logrado transformar de raíz la realidad nacional, y de los múltiples remedios en diversos sentidos a veces contradictorios y a calor de los intereses de los gobernantes.

Trazó decisiones políticas fundamentales para el pueblo mexicano que conforman sus principios básicos y que lamentablemente están siendo desmantelados al margen de cualquier consenso nacional. Los mexicanos debemos ser consultados cuando se trata de decisiones trascendentales que afectan el patrimonio de la nación y el futuro de los mexicanos.

El régimen de la propiedad y los recursos naturales del país, cuyo titular es la nación previsto en el artículo 27, era y debe volver a ser un rasgo identitario de nuestro sistema constitucional: una decisión política fundamental que no puede ser modificada más que por un constituyente originario y no bajo los procedimientos ordinarios de reforma, ahora tan cuestionados.

A lo largo de sus 97 años de vigencia, la Constitución ha sido reformada 573 veces, dando como resultado un texto parchado y desordenado que debe ser revisado en su totalidad para elaborar otro nuevo, consideran hoy la mayoría de los expertos. Se ha modificado más del 80% de los artículos que el constituyente aprobó en 1917. De 136 artículos en total, solo 27 han permanecido intactos. Los restantes han sido reformados, algunos en numerosas ocasiones, como el artículo 36 que ha sufrido 69 cambios. No basta un reordenamiento, ni siquiera una nueva sistemática. Es necesario convocar con motivo del centenario de la Carta Magna a un congreso constituyente y a un amplio debate nacional responsables de generar un nuevo texto Constitucional.

Es urgente repensar las vías para arribar a un auténtico estado de derecho, donde prevalezca el imperio de la ley, y donde las autoridades públicas se constriñan a los límites legales del poder, y las personas gocen de todos sus derechos. Hemos insistido desde hace años en la necesidad de refundar el país mediante la construcción de una cuarta República que sea reflejo de las necesidades actuales del país y de las aspiraciones democráticas de nuestra sociedad. En la actualidad prácticamente todas nuestras instituciones constitucionales están rebasadas; la nueva realidad exige cambios sustanciales en la reconstrucción del pacto social que recupere es espíritu original de nuestra tradición constitucionalista. Estamos obligados a discutir el régimen político, el federalismo, las autonomías, el acceso a la justicia, el control del poder público, los mecanismos de exigibilidad de los derechos humanos, la relación entre el Estado y la sociedad, las instituciones de democracia directa y representativa, la responsabilidad y rectora del Estado, así como nuestra inserción en el mundo.

Existe hoy virtual consenso de que la Ciudad de México requiere alcanzar su plena autonomía política y darse su propio régimen interno, mediante una Constitución, también que tendrá igualdad de derechos respecto a las demás entidades del país y gozaran sus órganos de gobierno de las libertades residuales contenidas en el artículo 124 de la constitución. El nacimiento de una carta magna para la ciudad será, en todos sentidos, un acto liberador de la ciudadanía y la máxima garantía para instituir un catálogo integral de los derechos humanos que incorpore los avances de los tratados internacionales. Es imperativo diseñar una nueva arquitectura para que sea una carta asequible y obedecida. El esfuerzo participativo que esta empresa entraña podría convertirse en ejemplo y aliciente para la tarea nacional que habría de culminar en 2017.

 

Comisionado para la reforma política del DF



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