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Javier Lozano

El reto del PAN

Javier Lozano Alarcón, oriundo del estado de Puebla, ex secretario del Trabajo. Actualmente es senador por el Partido Acción Nacional

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03 de febrero de 2014

El PAN está a prueba. Lo está frente a la ciudadanía y lo esta hacia su interior. Hoy somos oposición tras ser 12 años gobierno. El necesario equilibrio entre actuar con responsabilidad y acompañar al gobierno de la república en las reformas que el país requiere y, a la vez, ser contrapeso real del régimen, es el verdadero reto.

En poco más de un año, Acción Nacional ha demostrado a propios y extraños que sabe actuar a la altura de las circunstancias —sin mezquindad ni vulgares regateos— en temas y momentos críticos. Lo hizo con las reformas estructurales y, también, al apoyar al Ejecutivo federal en decisiones graves que implicaban el respaldo de todo el Estado mexicano. Creo que eso está acreditado.

El problema que enfrentamos los panistas, de cara a la sociedad, es que nos están viendo como a cualquier otro político. Dejamos atrás lo de que somos distintos y distinguibles. Y eso nos resta credibilidad y confianza.

De nada sirve que nos mantengamos firmes y unidos a la hora de votar contra la Reforma Fiscal si el día de su presentación en sociedad el presidente nacional, Gustavo Madero, avala con su presencia y aplausos tal afrenta contra clases medias y empresarios.

Lo mismo nos ocurre con la Reforma Política-Electoral y lo que vivimos al interior del partido. Lanzamos y defendemos una iniciativa para acotar el poder de los gobiernos en procesos electorales: atarles las manos para que no utilicen recursos públicos en las campañas; diseñar arbitrajes justos e imparciales; impedir que se utilicen los medios de comunicación para la promoción personal y atajar toda manipulación del padrón de electores con fines clientelares y de “mapachería”.

Ah, pero la víspera de la contienda interna del PAN, uno de los aspirantes se mantiene en la silla de la dirigencia nacional a pesar de que hace casi dos meses venció su término; solo él y los suyos conocen (y vaya que lo aprovechan) el padrón de militantes; usa tiempos oficiales del partido para promocionar su imagen y arrogarse todos los trofeos del PAN; se placea por el país so pretexto de rendir un ¡informe de labores!, cual si fuera legislador o gobernante; y se niega a encabezar una cruzada contra la corrupción que aclare qué demonios pasa con el escándalo de la asignación de recursos a cambio de dádivas (mejor conocidas como “moches”) y si esos recursos sirven para financiar su propia campaña. No hay interés. O quizá es evidente que lo hay.

Claro que es pertinente apoyar al gobierno en proyectos legislativos. Eso reclamamos nosotros por años ante oídos sordos. Quienes nos ignoraron ayer hoy nos convocan a la responsabilidad y altura de miras. Y nosotros caemos redonditos. Vamos con ellos, los apoyamos y hasta les aplaudimos. La foto sale bien y nos da primeras planas y loas de plumas críticas o zalameras, según la ocasión.

Lo que no hemos terminado por entender es que ese juego perverso de tener a la burocracia de partido en una mesa alterna denominada —y hoy por fortuna extinta— Pacto por México, y al mismo tiempo ser juzgados y criticados por la herencia de los gobiernos panistas, abre frentes de todo tipo a nivel local y nacional contra nuestros propios liderazgos, debilitando la imagen panista y dificultando nuestro regreso a Los Pinos.

Hoy, con el paso de los meses, vemos que varios de los proyectos que emergieron de esa mesa de notables y soberbios pactistas resultaron un cúmulo de desatinos que ahora tendremos que remendar en la legislación orgánica y reglamentaria. Menos políticos y más técnicos, es lo que se requiere en este nuevo periodo ordinario de sesiones. La certidumbre jurídica está en entredicho. Buenas intenciones detrás de malas leyes son pésima señal y ahuyentan inversiones. Y buenas leyes en malas manos conlleva a la ineficacia y, consecuentemente, al pasmo y la frustración.

El PRI-gobierno está feliz. Saben que ganan con esta fractura interna, fruto de la docilidad de la dirigencia del PAN y del compromiso responsable de nuestras bancadas por sacar adelante las reformas. Nos madrean de día y nos apapachan de noche. Y en el colmo de la ingenuidad se piensa que la sociedad va a reconocer el gen panista detrás de las buenas transformaciones legislativas.

Lo que está en juego, sin exagerar, es el futuro del partido y, si me apuran un poco, hasta de la democracia. Un régimen político sin contrapesos está destinado al autoritarismo y a la dictadura. Esa con la que hoy coquetea el gobierno de Peña Nieto quien, sin recato, hizo hasta lo imposible por aparecer orgulloso en carísima foto con Fidel Castro.

En fin. El dilema para el PAN no es coyuntural sino esencial. O hay cambio de rumbo, retomando nuestros principios y valores, o este partido se desvanece. Al tiempo.

 

Senador por el PAN



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