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Jorge Emilio González M.

Polución y muerte

Jorge Emilio González Martínez es Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad del Valle de México y Diplomado en Ecología ...

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18 de enero de 2014

Comienza a hacerse pública la evidencia concreta de los efectos de la contaminación atmosférica sobre nuestra salud. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, la mala calidad del aire es la segunda causa de muerte de niños y niñas recién nacidos, llevándose de forma prematura a alrededor de 3.2 millones de pequeños entre los cero y seis días de vida al año en el mundo.

La contaminación atmosférica también es la causa directa de múltiples enfermedades respiratorias, cardiovasculares y de cáncer de pulmón. Según la OMS, la polución es responsable de 15% de las muertes por neumonía en niños menores de cinco años, de 22% de las enfermedades y muertes por enfermedades isquémicas del corazón y de 5% de las muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

En la medida en que se incrementan las partículas de polvo, ceniza, cemento, metales varios, ozono e incluso partículas de heces fecales y muchas otras sustancias que quedan suspendidas en la atmósfera, se incrementa también el riesgo de muerte.

En México se rebasa en 140% el límite impuesto por las propias normas oficiales mexicanas de partículas contaminantes suspendidas en la atmósfera y a las que estamos expuestas millones de personas en las diversas ciudades del país. Esta es la razón por la que se estima que en México ocurren cada año 14 mil muertes asociadas con la polución.

El Distrito Federal ocupa el deshonroso quinto lugar de población afectada por la contaminación. De acuerdo con cifras del Instituto Mexicano para la Competitividad, los primeros lugares los ocupan ahora las ciudades de Mexicali, Monterrey, Cuernavaca y Tijuana, pues las cifras de muertes prematuras, consultas y hospitalizaciones por enfermedades asociadas a la polución son proporcionalmente superiores que en la propia Ciudad de México.

En el Partido Verde hemos impulsado desde hace varias legislaturas una regulación con el fin de que todas las entidades federativas y los principales municipios urbanos se encuentren obligados a instrumentar mediciones de calidad del aire y programas de reducción de contaminantes cuando se detecte que la calidad del aire no es satisfactoria de conformidad con lo establecido en las normas oficiales. Esperemos por ello que muy pronto contemos con una ley general de la calidad del aire y protección a la atmósfera que aún espera ser dicataminada.

Con este artículo concluye mi participación en EL UNIVERSAL, con el cual me encuentro profundamente agradecido por estos 10 años durante los cuales tuve oportunidad de exponer las ideas, los proyectos y el trabajo que en materia ambiental y primordialmente legislativo, he tratado de impulsar para México en conjunto con ecologistas de todas las tendencias y posturas ideológicas, pero especialmente junto a mis compañeros del Partido Verde.

Si bien mi participación como articulista en estas páginas concluye, tengo la oportunidad de continuar con una de las grandes pasiones que han impusado mi vida y mi trabajo dentro de la política: la profunda e inquebrantable convicción sobre la necesidad de conservar, cuidar y proteger el medio ambiente, como condición necesaria para que las futuras generaciones puedan vivir y habitar este planeta de forma armónica.

El espacio de opinión que EL UNIVERSAL me concedió ha llegado a su fin, pero la gran tarea por alcanzar la sustentabilidad continúa, pues la polución y la muerte nos alcanzan mucho más rápido de lo que nuestra conciencia ambiental se atreve a ver.

Senador y fundador del PVEM



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