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Editorial EL UNIVERSAL

Una deuda con la ciencia

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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02 de enero de 2014

Uno de los históricos lastres del país es su escaso apoyo a la actividad científica, así como una deficiente preparación —desde los primeros y más elementales niveles escolares— de los individuos para formarse en matemáticas y ciencias exactas. Por esa razón México ha ido al cabús de las naciones generadoras de patentes y tecnología.

Grandes mentes le faltan a este país, y por eso preocupa el potencial científico que se pierde en las escuelas. Ahora bien, los mexicanos que han logrado consolidar una carrera científica enfrentan el dilema de emigrar, buscando mejores condiciones económicas y de investigación, o quedarse a vivir del escalafón nacional, modesto financieramente respecto al de los países desarrollados, pero sustancioso si se le compara con el ingreso promedio de los profesionistas nacionales.

Por eso preocupa lo revelado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo (Coneval), en el sentido de que duda de la eficacia del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), uno de los programas estrella para apoyar a los científicos mexicanos, pues sospecha que define “metas laxas” para alcanzarlas exitosamente. Afirma que, incluso, es imposible medir su impacto positivo para este país.

Enrique Cabrero, director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), admite que la evaluación del Coneval es correcta y anuncia que el SNI es sujeto de revisión y será modificado.

La clave estriba en que no hay indicadores que permitan a la sociedad saber cuál es el impacto de la ciencia y la tecnología en el país. Tan simple y tan grave como eso. Se invierte a ciegas, sin que existan herramientas de evaluación para saber si lo gastado se aprovecha. Nadie audita al SNI.

Es bueno que exista el diagnóstico y el reconocimiento dentro de la propia comunidad científica de este problema. Mejor lo será que para este año se desarrollen mecanismos para la evaluación de nuestros científicos de punta. No se trata de emprender una cacería de brujas, sino de usar mejor los escasos recursos públicos y orientarlos hacia quien esté, en verdad, aportando nuevos conocimientos a la ciencia mexicana y mundial. Una nación con pretensiones de desarrollo económico y social pero sin verdadero impulso a la ciencia, está condenada a un nulo avance.



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