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Alfonso Zárate

Morelos, vivir con miedo

Alfonso Zárate Flores, director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), es licenciado en derecho por la Facultad de Derecho ...

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19 de diciembre de 2013

En fechas recientes, Morelos, un estado bendecido por su clima, sus bellezas naturales y su historia, ha experimentado un desbordamiento de la violencia criminal que ha trastocado la vida de sus habitantes. La vivacidad y tranquilidad ha sido reemplazada por un ánimo sombrío.

Hoy la mayoría de quienes residen en el estado de Morelos vive con miedo. Las experiencias se multiplican: familiares, vecinos y amigos han sido o son víctimas de extorsiones, secuestros, robos en sus casas o negocios, o incluso, homicidios.

En los últimos meses, muchas familias han abandonado el estado, otros han cerrados sus negocios, la vida nocturna languidece, el turismo mengua; los criminales han impuesto un estado de sitio.

El torrente delincuencial se explica en gran medida por la inacción, en unos casos, y la corrupción, en otros, de las autoridades responsables de la seguridad pública y la procuración de justicia. La impunidad, la incapacidad de castigar a los delincuentes, ha incentivado este desbordamiento criminal.

El gobernador del estado, Graco Ramírez, culpa a los gobiernos que le antecedieron, pero evade su propia responsabilidad: nunca como ahora prevalecen los delincuentes en Cuernavaca, Cuautla, Temixco, Xochitepec, Zapata...

Reportes oficiales refieren una alza del 80% en el número de secuestros, de las 135 denuncias presentadas, solo han sido liberadas 115 personas y se desconoce si las víctimas restantes aún están cautivas o fueron asesinadas.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ubica a Morelos como la entidad con el mayor número de secuestros en función del número de habitantes.

Las extorsiones se han incrementado un 10.8 %. Comerciantes y profesionistas, incluso médicos, deben pagar por su “protección”, ante la amenaza de dañar sus locales o ser secuestrados.

Los impactos de este torrente delincuencial están dañando severamente no solo la tranquilidad sino la economía del estado. Además del turismo, el mercado inmobiliario experimenta una caída en las ventas de casas de 40% e, incluso, la matrícula en escuelas particulares se ha venido abajo. “Como en su momento Chihuahua, Tamaulipas o Michoacán, ahora Morelos requiere la atención de todo el país”, decía el editorial de EL UNIVERSAL (del pasado 11 de noviembre).

Secuestros, extorsiones, asalto a camiones de transporte y de pasajeros, robos a casas y negocios... constituyen la realidad ominosa de un estado que vive una hora crítica; los habitantes de los principales municipios encaran una situación desesperada y desesperanzadora y mientras esto ocurre, las autoridades dan “palos de ciego” y se exhiben incapaces de diseñar y poner en marcha una estrategia que frene y revierta la delincuencia que ha trastocado la vida en Morelos.

Administrar la abundancia

Al arranque de su sexenio, el descubrimiento de importantes yacimientos petrolíferos llevó al presidente José López Portillo a posponer las transformaciones que reclamaba el país, éramos ricos y enfrentábamos un nuevo desafío, no el ancestral de la pobreza, sino el de “cómo administrar la abundancia”; su sexenio terminó en ópera bufa, las duras consecuencias de la corrupción y el manejo caprichoso del poder todavía no terminan.

A la vuelta de treinta años, la reforma energética, dicen sus apologistas, es portadora de bendiciones sin precedentes, deberemos prepararnos, otra vez, para “administrar la abundancia”. Una cascada de inversiones producirá un crecimiento vigoroso de la economía y el empleo, que le dará al Estado recursos formidables para ensanchar la infraestructura, abatir la pobreza extrema, mejorar la calidad educativa y los servicios de salud... Todo esto sin tener que pagar los costos de limpiar la corrupción y la ineficacia de Pemex y CFE, ahora “empresas productivas del Estado”, sin tener que tocar sus pesadas burocracias, sin alterar las condiciones que permiten la “ordeña” de los recursos públicos en beneficio de delincuentes de overol o de “cuello blanco”... No sé por qué no creo en los “productos milagro”.

 

@alfonsozarate
Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario



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