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Editorial EL UNIVERSAL

Detrás de los "vagoneros"

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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09 de diciembre de 2013

Los vendedores ambulantes del Metro de la ciudad de México se han convertido en parte habitual del paisaje urbano. Tolerados por las autoridades y padecidos por usuarios, son apenas la cara visible de una serie de problemas mayores, cuya atención se ha descuidado por negligencia y complicidad.

De acuerdo con una investigación de este periódico, hay 2 mil 700 ambulantes y están coludidos con policías, vigilantes y trabajadores sindicalizados del Sistema de Transporte Colectivo en un negocio que genera aproximadamente tres millones de pesos mensuales, cuyos principales beneficiarios son los cuatro coordinadores de vigilancia del Metro.

Tal esquema de corrupción encubre, de entrada, la virtual explotación de miles de personas necesitadas de un ingreso, carentes de empleo formal y arrojadas al comercio ambulante, sin prestaciones o seguridad social. Algunos vendedores son personas de la tercera edad o discapacitados, es decir, grupos vulnerables con escasas opciones laborales.

Debido a esa vulnerabilidad social y económica es que se duda en actuar en contra de ellos. No hay que olvidar, sin embargo, que en muchos casos los productos que ofrecen son proveídos desde el contrabando, una actividad ilegal que indirectamente perjudica a trabajadores de la economía formal.

La solución al problema, en todo caso, no sería dejar las cosas como están, sino brindar alternativas formales a los perjudicados.

Pero la verdadera amenaza no son esas personas sin alternativas, lo son las autoridades y líderes que los usan. Aun si fueran retirados en un mismo día todos los vagoneros, tarde o temprano los funcionarios coludidos volverían a colocar ayudantes en el negocio.

La dirección del Metro, bajo el mando de Joel Ortega, se ha comprometido a actuar. No es un asunto fácil de resolver, pero ahora cuenta con videos y testimonios que podrían acelerar dicha labor.

Si el sindicato del Metro se opone al despido o a cargos penales contra sus miembros dejaría en evidencia que los arreglos ilegales llegaron alto dentro de su estructura.

Sacar a unos cuantos vagoneros y despedir a sus cómplices vigilantes no basta. Debe garantizarse una solución permanente. En ello puede ser útil la colaboración de los usuarios. Brindarles mecanismos de participación y denuncia haría la diferencia, como ya lo ha hecho en otras áreas del servicio público en el país.



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