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José Fernández Santillán

La democracia a debate

Recibió el título de doctor en Historia de las Ideas Políticas por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Turín (1983); se ...

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15 de noviembre de 2013

A la memoria de Guillermo Tovar y de Teresa

Hace dos semanas la Corporación Latinobarómetro dio a conocer su informe 2013. En el resumen de ese documento se lee lo siguiente: “América Latina vive un momento [de] disminución de la pobreza, aumento de la educación, aumento del crecimiento económico, que ha proporcionado el mayor nivel de satisfacción de vida desde 1995.”

En contraste, los indicadores para el caso de México no son halagüeños: el apoyo a la democracia en nuestro país, ha venido a menos. De un 63% que alcanzó en 2002 cayó a tan sólo 37% en 2012. Es decir, en 10 años el sistema democrático perdió 26 puntos. Dato alarmante. La explicación que el estudio en cuestión da de este fenómeno se centra en la violencia y el narcotráfico, pero también en lo que llama una “alternancia poco exitosa.”

Para medir el grado de apoyo y satisfacción respecto de la democracia en 18 países latinoamericanos y del Caribe se hicieron varias preguntas. Entre ellas la siguiente: “¿Con cuál de las siguientes frases está usted más de acuerdo? La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. En algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático. A la gente como uno, nos da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático.” México está situado en el último lugar; esto es, aquí hay poco aprecio por la democracia.

La cosa no pinta mejor cuando se pregunta, por un lado, si puede haber democracia sin partidos políticos y, por otro, si puede haber democracia sin Congreso. En ambos reglones nuestro país ocupa un poco honroso primer lugar; las personas que respondieron creen que la democracia es posible sin partidos y sin poder legislativo. Son datos que preocupan.

Es evidente, tomando en consideración estas dos respuestas, que en México hace falta un mucho mayor conocimiento de la democracia. Mostrar que ella está compuesta por un marco legal e institucional imprescindible. En la democracia moderna, liberal y representativa, los partidos políticos son una pieza clave. Como decía Hans Kelsen: “La democracia sólo puede existir si los individuos se reagrupan de conformidad con sus afinidades políticas, con el propósito de orientar la voluntad general hacia sus fines políticos, de manera que entre el individuo y el Estado se inserten las formaciones colectivas que, como partidos políticos, reasuman la igual voluntad de los individuos […] Sólo la ilusión o la hipocresía pueden creer que la democracia sea posible sin partidos políticos.”

Es un hecho que el proceso de democratización en México corre paralelo a la conquista de elecciones libres y competidas. Tal cosa fue posible porque entraron a formar parte de nuestra vida institucional, en la segunda parte de los años 70, nuevos institutos políticos que expresaron la pluralidad de la vida social. Si no hay partidos ni Congreso, ¿cómo podría funcionar la democracia? Esta forma de gobierno es un sistema interrelacionado de partes. Si falta una de ellas el mecanismo se bloquea por completo. A la vuelta de la esquina está la democracia plebiscitaria o, simple y sencillamente, la dictadura.

En vista de los datos que arroja para nuestro país el Latinobarómetro (pero no sólo este índice, sino otros como Democracy Ranking) es imperativo ponernos a trabajar en varios frentes. Uno, sin duda, es el renglón educativo. Se necesita dar a conocer cuál es su naturaleza y alcances; los peligros que la acechan; las desviaciones que puede sufrir. Con razón Montesquieu escribió en El Espíritu de las leyes: “En el régimen republicano es en el que se necesita de toda la potencia de la educación.” (Porrúa, México, 1977, p. 26).

 

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM



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