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José Fernández Santillán

Michoacán en vilo

Recibió el título de doctor en Historia de las Ideas Políticas por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Turín (1983); se ...

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01 de noviembre de 2013

Duele ver a Michoacán postrado en la situación en que se encuentra. Un estado que ha dado al país personalidades históricas tan relevantes como don José María Morelos y Pavón (la antigua Valladolid, hoy Morelia), la Corregidora doña Josefa Ortiz de Domínguez (también Valladolid), Ignacio López Rayón (Tlalpujahua), Melchor Ocampo (Maravatio), Lázaro Cárdenas del Río (Jiquilpan); diplomáticos como el Premio Nobel don Alfonso García Robles (Zamora), historiadores como don Luis González y González (San José de Gracia), políticos como don Natalio Vázquez Pallares (Coalcomán).

Ahora que esa entidad federativa se encuentra azotada por la violencia, conviene recordar que en ella se sembró la semilla de la civilidad nacional con base en la Suprema Junta Nacional Americana (19 de agosto de 1811) y la Constitución de Apatzingán (14 de septiembre de 1813).

Paradojas del destino, precisamente allí en Apatzingán el sábado pasado, 26 de octubre, los grupos de autodefensa, cansados de tantas humillaciones, vejaciones y excesos por parte de los cárteles de la droga que operan en la región, manifestaron su descontento. Todo parece indicar que ese fue el motivo que desencadenó la furia de Los Caballeros Templarios: mediante células bien pertrechadas atacaron 18 subestaciones de la Comisión Federal de Electricidad que causaron fallas en Morelia, La Piedad, Ciudad Hidalgo, Uruapan, Sahuayo, Tarímbaro, Zinapécuaro y Queréndaro. Además, los Templarios trataron de quemar seis gasolineras: cuatro en Morelia, una en Apatzingán y otra más en Pátzcuaro (EL UNIVERSAL, 27/X/13). Hay indicios de que los ataques fueron ordenados por Servando Gómez Martínez, La Tuta, y Enrique Kike Plancarte Solis, líderes de esa organización criminal (EL UNIVERSAL, 29/X/13). El cometido era afectar al mayor número de usuarios del servicio de luz en el Estado, como una advertencia a las autoridades públicas y a la sociedad en general de que allí van a seguir haciendo de las suyas.

Convengamos en que la alteración del orden público en aquellas tierras es grave. Ha llegado al extremo de que los propios pobladores han tenido que defenderse como Dios les ha dado a entender. Allí están los dramáticos testimonios que dan cuenta de las extorsiones, el cobro piso, el rapto de mujeres para luego ser sometidas a esclavitud sexual por parte de los narcos (“El Infierno también está en Michoacán”, El País, 28/X/13). Hartos de esta situación, los habitantes de la zona de Tierra Caliente decidieron levantarse. También está lo dicho por el doctor José Manuel Mireles, líder del Consejo Ciudadano de Autodefensa de Tepalcatepec: con todo y la presencia del Ejército, la Policía Federal, las fuerzas del orden del Estado y los municipios, el crimen organizado no cede, allí sigue desafiando al poder público y a la ciudadanía.

El reto es mayúsculo. Todo lo que se ha intentado en materia de seguridad en Michoacán hasta ahora ha sido en balde. Cómo no recordar que la primera acción emprendida por Felipe Calderón se enderezó ostentosamente contra la criminalidad en ese estado. Resultado: nada. Regresa Fausto Vallejo al gobierno de la entidad: se recrudecen las acciones violentas.

¿Qué hacer? Quizá un gran pacto político y social por medio del cual las distintas fuerzas presentes en la escena pública acuerden un gran abanico de acciones con el propósito de sacar a Michoacán de la situación de emergencia en la que se debate. Acciones que vayan más allá, obviamente, del campo policiaco y militar (por necesario e indispensable que sea).

Recuerdo que, hace algunos años, en un episodio similar al que ahora se registró en Apatzingán, pero en Lázaro Cárdenas, un reportero le preguntó a un lugareño cómo se podría combatir más eficazmente al narcotráfico, con toda seguridad éste respondió: “con trabajo y educación.”

 

Profesor del Tecnológico de Monterrey-CCM



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Editorial EL UNIVERSAL La sangre de los jóvenes


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