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Jorge A. Chávez Presa

Miscelánea fiscal 2014: gravar más a la formalidad

Consultor especializado en temas de finanzas públicas, presupuesto y energía. Fue secretario general de la Fundación Colosio A.C. Diputado ...

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19 de octubre de 2013

Difícilmente la miscelánea fiscal que aún se cocina en el Congreso de la Unión alcanzará el rango de reforma de la hacienda pública. A lo mucho será hacendaria (sic), bautizada así en su lanzamiento, porque al no estar registrada en el Diccionario de la Real Académica, ni en el Breve de Mexicanismos de Guido Gómez de Silva (www.academia.org.mx/dicmex.php), puede significar cualquier cosa.

La reforma de la hacienda pública que necesitamos la describe con todo detalle la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) en los artículos 25, 26, 28, 31, 36, 73, 74, 75, 115, 117, 126 y 134. Y esta miscelánea fiscal más otras modificaciones en el horno, siguen dejando a la hacienda pública del Estado mexicano aún muy vulnerable.

Esto es así porque forzosamente se necesita fortalecer e incrementar la recaudación impositiva a través de una ampliación significativa de la base del número de contribuyentes, dado el avance del empleo y las actividades fuera de la formalidad.

Los costos para cubrir los derechos establecidos en la CPEUM, las responsabilidades adicionales que tiene el Estado, aunadas a las que hoy no puede cumplir, y al considerar que la base del número de beneficiarios de los programas sociales cada día aumenta más, rebasan la recaudación de impuestos en cerca de cinco puntos del PIB. En breve, lo que cuesta la actual oferta de servicios públicos, independientemente de si estamos satisfechos de su calidad y cobertura, no alcanza a cubrirse con las contribuciones. Estamos hablando de un faltante de ingresos recurrentes de casi 7 mil pesos por habitante. Esta es la cifra relevante, no la comparación ridícula de que recaudamos menos que los países de América Latina y los de la OCDE.

Las finanzas públicas del gobierno federal han sido viables en tanto que los precios del petróleo y el aumento de la producción petrolera lo han permitido. Sí hubo un esfuerzo fiscal sin precedente de 1983 a 1989 de reducción del gasto público, el cual luego se recuperó fuertemente sin mayor recaudación gracias al espacio que abrió la reducción del costo financiero de la deuda, consecuencia de la reestructuración de la deuda pública en 1989 y la estabilidad macroeconómica.

Para cerrar la brecha, también se requiere que la economía mexicana eleve su tasa de crecimiento por mayor productividad, y donde ésta puede crecer es en la formalidad. Las bases que tiene el Estado para gravar son las del ingreso de las personas y las empresas, la del patrimonio de las personas y la del consumo. Una estrategia enfocada en el crecimiento grava el consumo, más cuando la informalidad ya es grande y va en aumento.

La miscelánea fiscal 2014 está nuevamente encareciendo la formalidad. Lo hace porque se recarga en los contribuyentes cautivos. En otras palabras, es como ir de pesca a un acuario, y presumirlo. Ahora las personas físicas, en especial las asalariadas, pagarán más impuestos. No sólo lo harán las de ingresos superiores a los 500 mil pesos anuales, quienes tributarán a tasas marginales más altas, sino también las que ganan menos que ese umbral. Su mayor contribución provendrá por deducir menos en rubros como gastos médicos que son para mantener o mejorar la capacidad productiva del capital humano. Estos topes afectan aún más a los hogares con mayor número de dependientes. El sistema tributario grava igual al soltero que a quien mantiene una familia.

También aumenta el gravamen a las inversiones en los negocios que tanto necesitamos para abrir nuevas fuentes de empleo. La tasa adicional de 10% a los dividendos simplemente eleva la tasa efectiva del ISR a la inversión a 37%. Esto hace menos competitivo al país.

Ahora dominaron los objetivos políticos sobre los técnicos. Pensemos que la miscelánea fiscal 2014 fue la ofrenda del sacrificio en aras de alcanzar una reforma constitucional para reformar el sector energético mexicano obligado a reducir el costo del gas natural para así disminuir las tarifas eléctricas.

 

Economista



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