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Academia Mexicana de la Lengua

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16 de octubre de 2013

La primera mujer que ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua fue María del Carmen Millán, elegida en 1974; la segunda fue Clementina Díaz y de Ovando (1983). Una década después entró Margit Frenk (1993), a quien le han seguido Margo Glantz (1995), Julieta Fierro (2003), Elsa Cecilia Frost (2003), Concepción Company Company (2004), Ascensión Hernández Triviño (2007) y, recientemente, Yolanda Lastra (2013). Como miembros correspondientes están Nélida Piñón (2007), Rosa María Ortiz Ciscomani (2011), Gloria Ignacia Vergara Mendoza (2011), Briceida Cuevas Cob (2012) y hace unos meses ingresó Silvia Molina (2013). La única mujer que ha formado parte de la Mesa Directiva ha sido María del Carmen Millán, quien ocupó durante un año el cargo de secretaria.

Los miembros de la Academia Mexicana de la Lengua son elegidos por sus contribuciones a su campo de estudio y, desde luego, por su entrega y compromiso al cultivo y conocimiento de la lengua. Las principales razones por las que ha habido pocas mujeres en la Academia son, primero, de carácter histórico y, ante todo, biológico, pues hasta hace poco tiempo estaban dedicadas únicamente a la crianza de los hijos. Ellas han sido las transmisoras de la lengua materna, por eso el adjetivo materna y no paterna. En segundo lugar, porque apenas en los años 20 y 30 del siglo pasado, las mujeres empezaron a verse en la necesidad de buscar un lugar en el mercado laboral, ya sea porque se quedaban viudas de soldados de guerra, ya porque empezaron a liberarse de atavismos. Fueron mujeres que empezaron a buscar autonomía frente a las restricciones que tenían. Esas mujeres, como la generación de mi madre, por ejemplo, tuvieron que enfrentarse con muchas dificultades y tuvieron logros muy notables, pero lo principal fue que empezaron a verse de manera distinta. En tercer lugar, porque la generación a la que pertenezco es la primera beneficiaria de la lucha de esas mujeres. Somos la primera generación sin la preocupación por conseguir espacios laborales. A las mujeres actualmente nos interesa alcanzar una profesionalización no como mujeres sino como personas, y las condiciones están dadas, con una que otra batalla que ganar en ciertos espacios que aún siguen restringidos, pero cada vez son menos. Ahora es perfectamente combinable tener pareja, hijos y una profesión. Las mujeres que no se profesionalizan lo hacen por una decisión propia, porque no es su prioridad, porque deciden autoexcluirse de ese ámbito.

La Academia Mexicana de la Lengua no es especialmente excluyente con las mujeres. Ahí está Francia, país desarrollado, en donde la Académie française es un ejemplo de exclusión del género femenino; en ese país hay mujeres con los méritos necesarios y, sin embargo, aún no logran formar parte de esa corporación. En cambio, aquí en México, en la Academia Mexicana de la Lengua se elige a sus miembros atendiendo a sus méritos académicos y contribuciones intelectuales, independientemente del género.



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Editorial EL UNIVERSAL El hambre y la "chatarra"


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