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Arnoldo Kraus

'Hubris': ¿síndrome o predisposición?

Arnoldo Kraus es médico cirujano por la UNAM. Realizó estudios de posgrado en Medicina Interna y Reumatología e Inmunología Clínica en el ...

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13 de octubre de 2013

Enfermo, como está el mundo, por la magra o nula calidad de los políticos que rigen nuestras vidas y la del planeta, es adecuado cavilar sobre la admiración. Admirar es cualidad humana; querer ser como una persona significa emularlo, dotarlo de autoridad, reproducir sus actos y ejercer sus virtudes. Admirar es acto necesario y humano: los animales no admiran; lamentablemente, en algunos casos, como sucede con los narcotraficantes, admirar daña. El escenario político contemporáneo es abominable. Pocos políticos se salvan. Tres ejemplos para alimentar el desasosiego.

Cuando presidente, Felipe Calderón se enardecía, al escuchar, que su país (el suyo, no el nuestro), era catalogado por Estados Unidos como Estado Fallido; presto, y enfurecido, respondía y solicitaba de sus esbirros respuestas contundentes; al finalizar su desastre se refugió en el país vecino. En Hungría, el primer ministro, Viktor Orbán, del ultranacionalista partido Fidesz, con fuertes tendencias neonazis, no satisfecho con sus agravios contra judíos y gitanos, pretende castigar a los sin techo con multas, trabajo comunitario e incluso cárcel si pernoctan en sitios prohibidos; criminalizar a los sin techo es sinónimo de filosofía nacionalista. En Siria, debido a la incapacidad de organismos internacionales, y bajo el cobijo de Rusia y China, la guerra fratricida, liderada por el médico y presidente Bashar al-Assad, ha cobrado más de 100,000 víctimas y expulsado a más de dos millones de sirios. Putin, Netanyahu, Kirchner y Berlusconi -¿será cierto su final?- son políticos en activo, cuya arrogancia, ensalzada por el poder, desafía cualquier idea enmarcada dentro de la lógica o la razón.

Fue lord David Owen, neurólogo y ministro de salud y otras carteras en el gobierno británico quien acuñó el término Síndrome de hubris (o hybris) para describir las aborrecibles conductas de políticos intoxicados por el poder. El síndrome descrito por Owen no es exclusivo de políticos: banqueros, empresarios, religiosos y algunos intelectuales desarrollan, sin padecerlo, el síndrome. En la antigua Grecia, el término hubris se utilizaba para designar a personas violentas carentes de control sobre sus propios impulsos; se consideraba enfermos a las víctimas de hubris debido al carácter irracional y desequilibrado de sus actos.

Arrogancia, desmesura, orgullo desmedido y sobre estimación de la capacidad personal son características de la enfermedad. La situación actual del mundo y el poder inconmensurable de los políticos invita a pensar en el síndrome de hubris y a profundizar en el concepto: las personas afectadas por hubris, ¿desarrollan el síndrome conforme incrementan su poder o tienen, a priori, predisposición para desarrollarlo? Predisposición significa crecer en ambientes de poder, negar la realidad, no escuchar, y convivir en sitios donde el poder es absoluto e incuestionable.

El poder transforma y enferma a los políticos asegura Owen; actuar de forma irracional e impulsiva, ser autócratas, mesiánicos y dominantes son también características del síndrome. Los políticos enfermos —Vicente Fox, Hugo Chávez, José María Aznar, Joseph Stalin— no escuchan y son incapaces de valorar el éxito o fracaso de sus acciones. “Las personas afectadas por el síndrome de hubris, explica el doctor George Dunea, consideran que el mundo es un lugar para ejercer el poder y merecer la gloria… la preocupación por su imagen es enorme… al hablar, desarrollan un celo mesiánico, refiriéndose a ellos mismos en tercera persona… suelen decir ‘nosotros’ para abarcar a quienes escuchan. Sus intereses, piensan, son idénticos a los del país que gobiernan… son omnipotentes, y están seguros de que sus acciones serán apreciadas, si no en el mundo contemporáneo, si por la historia o en el reino de Dios”. Las afirmaciones de Dunea resumen algunas características del síndrome de hubris (Lord David Owen publicó en 2007 el libro The Hubris Syndrome: Bush, Blair and the Intoxication of Power).

Para finalizar, sin finalizar, un ejemplo vivo del hubris mexicano, de nuestro barranco sin fondo. El 1 de octubre, a través de un decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación, Enrique Peña Nieto canceló el estatus de Parque Nacional otorgado por Lázaro Cárdenas al Nevado de Toluca, que desde 1936 prohibía cualquier tipo de explotación de los recursos de esa zona natural. A partir del decreto, en el 96% de su superficie será legal realizar actividades como la “remoción” de especies forestales, el “aprovechamiento extractivo de vida silvestre”, y la construcción y mantenimiento de infraestructura pública o privada. El síndrome hubris versión México, es insaciable: De las 53 mil 590 hectáreas originales del Parque Nacional se preservarán mil 941. Al inicio escribí sobre la admiración. Al final escribo sobre la omnipresencia del síndrome hubris versión México.

 

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