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Jorge Emilio González M.

Soberanía y reforma energética

Jorge Emilio González Martínez es Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad del Valle de México y Diplomado en Ecología ...

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28 de septiembre de 2013

El Senado abrió nuevamente un foro de intercambio de ideas sobre la reforma energética. No hay desacuerdo sobre la necesidad de una reforma de fondo en esta materia, sino sobre su alcance y contenido. Sabemos que un país sin energía no podrá crecer ni ofrecer oportunidades de desarrollo a sus pobladores. Sabemos también que Pemex enfrenta dificultades para seguir extrayendo hidrocarburos con la misma intensidad, toda vez que los grandes yacimientos se encuentran en aguas cada vez más profundas o son pequeños y están muy dispersos, lo que arroja dificultades técnológicas y necesidades financieras muy difíciles o imposibles de solventar para Pemex bajo sus actuales condiciones de operación. Y finalmente sabemos que la renta petrolera que obtiene el Estado de la venta de hidrocarburos seguirá siendo de vital importancia para las finanzas públicas del país.

Entre las múltiples prioridades de Pemex se encuentran su reforma administrativa, de transparencia, la revisión de sus esquemas laborales, etcétera; pero lo principal en estos momentos es asistencia financiera y tecnológica. Es decir, la reforma energética debe permitir fundamentalmente el paso a grandes cantidades de inversión y a nuevos mecanismos de asociación para poder seguir cumpliendo sus objetivos.

La opinión, sin sustento, de algunas personas es que las enormes cantidades de inversión que tienen que hacer Pemex y el Estado mexicano se pueden lograr simplemente con recursos obtenidos de las ganancias del petróleo y de los impuestos de los mexicanos, pues con ello se garantiza la soberanía nacional. No obstante, olvidan al menos dos cosas. La primera es que la industria energética es de altos riesgos, pues se puede invertir mucho sin obtener de ello ganancia alguna. Y en segundo lugar, que ya hay otros en el mundo que cuentan con tecnología, conocimientos y experiencia para explorar y/o refinar mejor los hidrocarburos, y para lograr lo mismo Pemex no sólo requeriría grandes inversiones, sino demasiado tiempo. La conclusión es clara: no podemos solos. El modelo de asociación de inversión pública y privada es el que siguen casi todas las naciones del mundo.

Esencialmente de eso se trata la reforma que propuso el Ejecutivo Federal al Congreso: de permitir que Pemex pueda hacerse de recursos financieros y tecnológicos para poder seguir cumpliendo con su tarea de explorar, extraer y procesar los recursos fósiles del subsuelo mexicano. La reforma plantea puntualmente que el Estado y los mexicanos sigamos manteniendo la propiedad de nuestros recursos del subsuelo, pues seguirán prohibidas las concesiones. No obstante, se propone autorizar a Pemex y al Estado mexicano la celebración de contratos de exploración y explotación con privados nacionales o extranjeros bajo riesgo compartido. .

Entre los beneficios más evidentes que se esperan de una reforma como ésta se encuentra recuperar las tasas de reservas probadas de hidrocarburos, lo que dará certidumbre económica al desarrollo de México por muchos años más. Pemex recuperará la capacidad de producción y extracción de barriles diarios, y aumentará la producción de gas natural. La definición de soberanía nacional tiene que ver en realidad con que la población tenga un mínimo de calidad de vida, lo que incluye alimentación, salud y seguridad. No podemos darnos el lujo de seguir invirtiendo enormes cantidades de dinero de los mexicanos sin la certeza de obtener resultados. La reforma energética busca precisamente riesgo compartido y resultados concretos en el corto plazo para los mexicanos.

Senador y fundador del PVEM



Editorial EL UNIVERSAL Las tarifas en telecom


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