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W. Luis Mochán

Los detectores moleculares GT200 y ADE651 en México

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21 de agosto de 2013

Mi primera reacción fue hilaridad. Me hallaba en el 1999 APS March Meeting, un congreso de física de los más concurridos del mundo. Una de las miles de presentaciones correspondió a "Randi el Magnífico", reconocido mago dedicado a combatir charlatanes. Ahí nos platicó de su confrontación con Uri Geller, quien afirmaba que podía doblar cucharas con su energía mental, de la memoria del agua, pretendida 'explicación científica' de la homeopatía, del hombre de marte, etc., y entre esos y otros temas, mencionó al Quadro Tracker, un detector en forma de pistola, con una antena en lugar de cañón, que había sido usada para buscar drogas y armas por algunas policías locales de Estados Unidos. Incluso, la Patrulla Fronteriza los había adquirido para identificar inmigrantes ilegales. La pistola no tenía ningún mecanismo, ningún circuito electrónico, no tenía fuente de poder, y se programaba mediante fotocopias carbonizadas de la sustancia buscada, cuya 'esencia', decían los fabricantes, era capturada por las vibraciones moleculares de cristales de carbón. A mediados de los años noventas, pruebas científicas doble-ciego, realizadas por petición del FBI, demostraron la total ineficacia de estos detectores y se prohibió su uso, excepto como juguetes inofensivos detectares de pelotas de golf.

Mi segunda reacción fue de incredulidad, preocupación e indignación. En 2010, once años después de escuchar la historia del fraudulento Quadro Tracker, me enteré de que México había comprado cientos de 'detectores' esencialmente idénticos, pagando precios exhorbitantes de decenas de miles de dólares c/u. Resulta que después de ser prohibido, el Quadro Tracker ha reencarnado decenas de veces en distintas presentaciones, aduciendo distintos principios de operación, con precios cada vez más elevados, y ha sido comprado por gobiernos alrededor del mundo en el contexto de la histeria antiterrorista y la guerra contra el "narco". En Irak se usaron infructuosamente en retenes para detectar bombas que estallaron matando, entre otros, a soldados ingleses. Por ello, a principios de 2010 Gran Bretaña, donde se establecieron algunos fabricantes, prohibió la exportación hacia algunos paises, advirtió a otros, e inició procesos legales contra los fabricantes.

México ha comprado más de mil de estos dispositivos, sobre todo los modelos GT200 y ADE651, y ha pagado más de 400 millones de pesos por ellos. Los principales compradores han sido la SEDENA, la SEMAR y PEMEX. Durante 2010 y 2011 la prensa nacional se vio inundada de boletines con testimonios de sus supuestos éxitos. Aunque el número de boletines ha disminuido recientemente, los equipos siguen en uso.

En septiembre de 2010 escribí un artículo de divulgación científica sobre el GT200, llamando la atención hacia el peligro y el costo de no tener una cultura científica y no saber distinguir testimonios de demostraciones científicas. Como consecuencia, un lector me hizo llegar documentos oficiales conteniendo la teoría de funcionamiento del equipo, una secuencia sin sentido de palabras científicas; es pseudociencia pura. Mi publicación de una crítica detallada de la teoría ha sido empleada varias veces para invalidar la supuesta evidencia provista por el GT200 y consecuentemente liberar a ciudadanos acusados de delitos contra la salud. En su resolución 19, la CNDH declaró que el uso del GT200 era violatorio de los derechos humanos. Junto con algunos colegas presenté la situación de este detector en el Senado, lo cual condujo a un punto de acuerdo exhortando al titular del poder ejecutivo a consultar a la comunidad científica sobre el GT200, exhorto que no ha sido acatado. La Academia de Mexicana de Ciencias (AMC) ofreció en marzo de 2011 su apoyo a la SEDENA para probar la eficacia del detector GT200, ofrecimiento que fue rechazado arguyendo las obligaciones jurídicas derivadas del contrato de adquisición. A pesar del rechazo de la SEDENA, por órdenes de una juez llevamos a cabo un experimento en que repetidamente operadores expertos del GT200 escondieron y buscaron una muestra de consistente en anfetaminas y balas. Obtuvimos que echar volados al azar ¡es tan inútil para hallar sustancias como emplear el detector! Una persona fue liberada en mayo pasado empleando este resultado. En agosto de 2012 la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) atrajo un caso que involucra al GT200, pidió el apoyo de la AMC, la cual nombró a un comité de expertos del más alto nivel, y pidió un detector a la SEDENA para ser investigado. La PGR se desistió del caso en cuestión, dejando sin materia a la SCJN y sin poder establecer un precedente. En enero de 2013 publicamos los resultados de nuestro experimento en un servidor de pretiros de la Universidad de Cornell. Nuestra publicación fue reseñada por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y fue hallada por la policía de Londres, quienes la emplearon como evidencia en los juicios instituidos en Gran Bretaña contra los fabricantes de estos dispositivos. Resultado de estos juicios, Jim McCormick, fabricante del ADE651 ha sido condenado a 10 años de prisión y Gary Bolton, fabricante del GT200, ha sido declarado culpable de fraude y será condenado el 20 de agosto.

A finales de 2012 se publicó en la prensa que la PGR había desechado sus GT200s y hace un mes el vocero del gobierno federal para asuntos de seguridad afirmó que no son certeros. Sin embargo, a pesar de los hechos relatados arriba y de estas declaraciones, los detectores continúan en uso, por ejemplo, para buscar explosivos en lugares como salas de cine y juzgados. No se puede exagerar el peligro derivado del uso de estos dispositivos. Un falso negativo al buscar explosivos podría ocasionar la pérdida de vidas humanas; un falso positivo al buscar sustancias ilegales podría destrozar la vida de ciudadanos inocentes. El uso continuo de detectores sabidamente inútiles vuelve ineficiente la acción de las fuerzas de seguridad y pone en entredicho su reputación, así como el prestigio de nuestro país.

Mi última reacción ha sido de curiosidad. ¿Qué permite que México cometa errores de estas proporciones? ¿Cómo es que esta situación no ha sido entendida por nuestra clase política? ¿Por qué este asunto no ha capturado la atención de nuestra prensa (con notables excepciones) ni la imaginación de los periodistas, quienes podrían explorar sus múltiples facetas, incluyendo muchas que no he mencionado aquí? ¿Por qué la comunidad científica se ha mantenido al margen de un asunto que le compete, y se ha instalado en su comfort a pesar de que el tema es de interés nacional, es relevante para los derechos humanos, la justicia y la seguridad nacional, y practicamente no requiere recursos financieros para ser investigado? Yo hubiera esperado que universidades como la UNAM, a la que pertenezco, hubieran formado un comité para investigar con criterios científicos este asunto y hubiesen emitido opiniones de caracter institucional, la cual podría haber sido empleada como guía por otros actores para su toma de decisiones.


Investigador de Instituto de Ciencias Físicas, UNAM



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