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Pedro Joaquín Coldwell

La reforma energética de México

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13 de agosto de 2013

El Presidente de la República presentó ayer al Congreso de la Unión la iniciativa de reforma constitucional que busca modernizar el sector energético en nuestro país. El eje principal de la reforma consiste en que la Nación mantendrá la propiedad de los hidrocarburos, al tiempo que contaremos con un modelo eficiente para impulsar el resurgimiento de la industria petrolera en nuestro país.

En su momento, el Presidente Lázaro Cárdenas reconoció los retos que el sector energético enfrentaba. En consecuencia, diseñó un modelo eficiente, nacionalista y pragmático para aprovechar al máximo la riqueza de la Nación y comprendió la obligación de extender sus beneficios a todos los mexicanos. Con la reforma energética se propone que el artículo constitucional que estableció el Presidente Lázaro Cárdenas, después de la expropiación petrolera, vuelva a estar en nuestra Constitución. Propongo que analicemos la reforma energética, revisemos los datos de un diagnóstico técnico, evaluemos el modelo cardenista que la reforma propone e identifiquemos los beneficios que los mexicanos obtendremos con la reforma energética.

Diagnóstico: ¿por qué es urgente?

La producción de petróleo en México ha decrecido drásticamente desde 2004, pasando de 3.4 a 2.5 millones de barriles diarios. Nuestras reservas totales de hidrocarburos han caído 23% desde 1999. Aunque tenemos un gran potencial de recursos en campos de lutitas y en aguas profundas, Pemex no tiene los recursos, ni los elementos técnicos suficientes para explotarlos. En aguas profundas, un solo pozo puede costar 200 millones de dólares y para encontrar hidrocarburos en estas zonas, es necesario perforar muchos más. Por cada 100 pozos, se pierden entre 8,750 y 14,000 millones de dólares en promedio. Para darnos una idea, el presupuesto anual de la UNAM es de 2,600 millones de dólares. Es por eso que la práctica internacional más avanzada es que las empresas petroleras vayan asociadas a aguas profundas. Sin embargo, actualmente Pemex está obligado a hacerlo sola.

Entre 1997 y 2012, las importaciones de gas natural subieron de 3% a 33% del consumo nacional, con lo que la red de ductos llegó a su límite y nos obliga a importar gas más caro. Incluso, hemos tenido alertas críticas que limitan su consumo. Esto tiene un impacto negativo para las industrias que utilizan este combustible y pone en riesgo los empleos que éstas generan. Producir gas es poco rentable para Pemex, comparado al petróleo. Sin embargo, hoy los particulares legalmente no pueden producir gas de los grandes yacimientos en nuestro subsuelo y Pemex no alcanza a hacerlo.

Con el desabasto de gas natural, ha crecido el uso de combustóleo para la generación de electricidad, con lo que las tarifas eléctricas crecen continuamente. Además, el combustóleo es muy contaminante. Asimismo, el sistema eléctrico nacional no cuenta con un gestor independiente para administrar el sistema de forma eficiente, lo que también tiene un impacto en los precios finales.

En cuanto a refinación, los números tampoco son alentadores. Entre 1997 y 2012, las importaciones de gasolinas subieron de 25% a 49% del consumo nacional. La petroquímica tiene un diagnóstico similar, mientras que en 1997 importábamos el 40%, en 2012 se importó el 65% del consumo nacional de petroquímicos. En el régimen actual sólo Pemex puede realizar la mayor parte de estas actividades (salvo la petroquímica secundaria), lo que limita el abasto eficiente al mercado nacional.

En pocas palabras, en materia petrolera, Pemex tiene que hacerlo todo, lo tiene que hacer solo y donde no actúa con eficiencia nadie más puede participar. La Comisión Federal de Electricidad se encuentra en un caso similar. El modelo energético del país se encuentra agotado y de no cambiarlo seremos importadores netos de energía en pocos años.

Propuesta: ¿en qué consiste?

Atendiendo a este diagnóstico, la reforma presentada por el Presidente Peña Nieto propone retomar el modelo del Presidente Cárdenas para modernizar al sector energético y dar al Estado mejores instrumentos para administrar los recursos de la Nación. La reforma se fundamenta en 5 ejes:

1) Establecer contratos de utilidad compartida otorgados por el Gobierno Federal para que Pemex y el sector privado puedan buscar y extraer petróleo y gas, para aprovechar nuestro verdadero potencial petrolero.

2) Permitir la participación de particulares, a través de permisos que dará el Gobierno Federal, en actividades de refinación, petroquímica, transporte, almacenamiento, distribución y comercialización de hidrocarburos, para sumarse al esfuerzo que hace Pemex con el fin de garantizar el abasto de combustibles, a precios competitivos.

3) Crear un mercado de generación de electricidad que permita a las pequeñas, medianas y grandes industrias contar con mejores precios y condiciones de servicio. El Sistema Eléctrico Nacional será administrado por un operador independiente.

4) Mantener a Pemex y a CFE como empresas 100% públicas, incrementando su autonomía fiscal, mejorando su organización y dándoles herramientas para mejorar su gobierno corporativo.

5) Fortalecer las instituciones encargadas del sector energético, la Secretaría de Energía y sus órganos desconcentrados, para aumentar la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción en todo el sector.

Beneficios esperados: ¿qué ganamos los mexicanos?

La reforma energética mejorará la economía de los todos los mexicanos. El modelo propuesto permitirá incrementar la renta petrolera, reducir la dependencia del exterior y garantizar la disponibilidad de combustibles. También detonará el crecimiento económico, y creará cerca de medio millón de empleos adicionales en este sexenio y hasta 2 millones y medio de empleos en 2025.

Asimismo, el Estado contará con mayores recursos presupuestales para invertirlos en programas sociales, educación de calidad y salud. La disponibilidad de combustibles permitirá que los precios de los alimentos, de la luz y del gas sean más accesibles para las familias, los comercios y la industria.

La iniciativa presentada por el Presidente de la República, deberá ser discutida con un sentido técnico y patriótico, con un enfoque de largo alcance. No podemos cruzarnos de brazos y esperar. Estamos obligados a desarrollar al máximo nuestro potencial en este sector para impulsar el bienestar de todos los mexicanos. Ese fue el propósito de las reformas cardenistas y ese es el propósito de la reforma energética que promueve el Presidente Enrique Peña Nieto.

 

* Secretario de Energía



Editorial EL UNIVERSAL Vergonzosa discriminación


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