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Javier Lozano

Senadores del PAN

Javier Lozano Alarcón, oriundo del estado de Puebla, ex secretario del Trabajo. Actualmente es senador por el Partido Acción Nacional

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17 de junio de 2013

Se equivocan quienes piensan que la disputa por la coordinación del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional (GPPAN) en el Senado de la República es una vulgar rebatinga por el dinero. No es así. La situación es mucho más trascendente y compleja que eso. Veamos. Hasta antes de la unilateral remoción de Ernesto Cordero como nuestro coordinador, por parte de Gustavo Madero, los senadores del grupo parlamentario contábamos con la participación e información necesaria y suficiente para la toma de decisiones y la adecuada marcha de los asuntos legislativos y administrativos de la fracción.

El problema surge con el precipitado relevo —si bien enmarcado en el ámbito de las atribuciones del jefe nacional del partido— en la coordinación del GPPAN. Esa decapitación se dio sin tomar en cuenta a la mayoría de los senadores, paradójicamente en el seno de un partido que se precia de ser estandarte de la democracia. En estas páginas lo dijimos. No bastaba con un nuevo nombramiento para que la línea proveniente de la dirigencia nacional pasara como cuchillo en mantequilla. Más aun, complicaría la adopción de acuerdos y la interlocución con el gobierno para las reformas. Y eso es precisamente lo que está sucediendo.

Frente a un panorama en el que la cohesión de la mayoría del GPPAN está, de manera natural, por un lado mientras la coordinación formal se localiza por al otro lado, lo que procede es hacer los ajustes necesarios en el orden estrictamente institucional.

La normatividad que nos aplica establece que, al interior de cualquiera de los grupos parlamentarios en el Senado, los legisladores que sumen al menos un 20% de esa bancada pueden proponer cambios a los estatutos internos de su grupo. Y esa misma normatividad señala que se requiere del voto de la mayoría absoluta de senadores para pasar dicha propuesta. Y ese es exactamente el camino por el que hemos optado la visible mayoría de senadores de Acción Nacional.

Concretamente, lo que buscamos es que la administración de recursos se haga, como hasta ahora, bajo criterios de eficiencia, eficacia, transparencia y honestidad; que la asesoría que nos presta en aspectos técnicos y legales la Fundación Humanismo Político nos sirva por igual a todos los senadores que acudimos a ella y no se limite a apoyar a unos y despreciar a otros; que la labor de comunicación social permita difundir la diversidad y pluralidad de asuntos y puntos de vista al interior de la bancada y no sólo la visión parcial o unilateral del coordinador y, en fin, que las designaciones en la integración, presidencia o secretarías de comisiones dictaminadoras obedezca a perfiles técnicos, resultados y conveniencia del GPPAN con base en la agenda legislativa que hemos aprobado.

En cuanto al manejo de los cuantiosos recursos asignados a nuestro grupo parlamentario, lo que se pretende con estas adecuaciones estatutarias es evitar que los mismos se apliquen a fines distintos a los que estrictamente corresponden. Hasta antes del relevo en la coordinación del grupo, tanto Ernesto Cordero como el vicecoordinador administrativo Jorge Luis Lavalle nos permitieron conocer, oportuna y verazmente la utilización de ese dinero para los fines que todos habíamos aprobado. De hecho, dos auditorías externas a la bancada se practicaron: una proveniente del CEN del PAN y, otra más, del propio Senado. En ninguna de ellas se advierte observación alguna.

Y no es que se dude ni por un momento de la capacidad o probidad de don Víctor Hermosillo como nuevo vicecoordinador administrativo del grupo. Él es un compañero que merece y tiene nuestro respeto. Pero a la luz de los hechos por todos conocidos no sólo es pertinente sino necesario poner los candados suficientes para evitar la desviación y el uso abusivo, a distancia, del control político y económico de una fracción parlamentaria que, dicho sea de paso, ha mostrado con creces su capacidad para legislar y emprender las reformas que México necesita.

Así pues, nuevamente les digo: se equivocan si piensan que por el mero cambio de coordinador lograrán desvanecer a un sólido grupo de senadores que ha acreditado responsabilidad, lealtad con nuestros principios y rigor técnico para legislar. Se equivocan si creen que la imposición de un coordinador se traduce, en automático, en la imposición de una línea cupular. Afortunadamente, ahí están las normas y las instituciones que todo lo pueden. Y de ellas estamos echando mano. Al tiempo.

Senador por el PAN



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Editorial EL UNIVERSAL Deuda: el mundo al revés


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