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Élmer Mendoza

Rosa Ribas y Sabine Hofmann

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programas y conferenc ...

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06 de junio de 2013

“Hay demasiadas personas que no son lo que aparentan”, asevera la periodista Ana Martí, personaje principal de Don de Lenguas, una estupenda novela que Rosa Ribas y Sabine Hofmann escribieron conjuntamente y que publica Siruela en su colección Policiaca, en Madrid, España, en 2013. Traté de identificar quién sería quién en el discurso literario pero fracasé. Esta novela es una pieza única creada por dos filólogas pacientes que saben de lo que escriben y demuestran que nada es verdad, nada es mentira, todo es según el lenguaje con que se mira o con el que se dejan ver.

Sabine Hofmann, nacida en Bochum, Alemania en 1964, y Rosa Ribas, nacida en Barcelona en 1963, recurren a memorias ajenas para tejer una historia reveladora de la Barcelona de 1952 y de la España franquista. Desde luego, desde su pericia indiscutible para crear tramas policiacas. Una mañana se descubre en su casa el cadáver de Mariona Sobrerroca, una hermosa viuda de un médico, que pondrá en movimiento al poderoso fiscal Joaquín Grau, que ordena al comisario Goyanes encargar la investigación al inspector Isidro Castro, un digno policía de su tiempo, que se las verá negras ante lo que desata el caso que por poco lo rebasa por encima. Ana Martí, que cubre Sociales para La Vanguardia, es comisionada para informar de las investigaciones sobre el crimen de la Sobrerroca y va a descubrir su instinto policiaco e irá indagando hasta llegar a la razón del delito. En sus pesquisas, su prima, la filóloga sin trabajo Beatriz Noguer, aplicada cervantista, aportará, a partir de la lectura de unas cartas, las pistas necesarias para que la investigación no se estanque.

Utilizando con destreza y pulcritud la técnica de la cebolla, las novelistas van eliminando capas de un asesinato cuyo principal sospechoso es descubierto demasiado pronto. Con precisión utilizan el complicado vínculo entre Castro y Ana Martí que sobrelleva su descalificación de cada asunto que emprende. La prensa es un poder, pero la policía es más poderosa y no posee el menor escrúpulo. Con este contrapunto que suena decididamente natural, pronto las simpatías se inclinan por la chica, que es hija de un periodista en desgracia que ejerce dos oficios para sobrevivir, uno de ellos sorprendente. Un aspecto interesante es la variación en los puntos de vista; cambiar de personaje referente en esta novela se convierte en un estilo, y el efecto inmediato es que siempre se experimenta cercanía con los personajes.

En Barcelona está próximo un Congreso Eucarístico y nadie quiere ruido, así que el caso de esa mujer de la alta sociedad, debe resolverse de inmediato. Castro, policía violento, acoge a regañadientes a Martí, sobre todo porque es mujer; ¿qué tiene que hacer una mujer escribiendo de Sucesos?, ¿no estaba bien en Sociales? Le revisa los artículos y la hostiga cuanto puede. Pero Ana es tenaz y exige que la traten como periodista y como mujer con derecho a vivir sola, solventar sus gastos y dar rienda suelta a sus inquietudes profesionales; esto la llevará, junto con Beatriz, a seguir pistas que los lectores apreciarán.

Las narradoras no olvidan, que a pesar de los problemas que tenía la ciudad en esa época, se debía comer; así que se sirven “berberechos, almejas, ostras, gambas, cigalas y langostas… pollo del Prat a la catalana y pierna de cordero al romero”, señalan también el “plato de nata con nueces y un café con leche”, y el “arroz hervido con un diente de ajo”; beben pastís, vino y mucho café, y como en estos tiempos también arreglaban algunas de sus diferencias en el almuerzo. Hay preguntas como: “¿En qué año inventó Enrique Nestlé la leche en polvo?”, “¿cuándo se inventó en Alemania la sopa en cubitos?”, ¿sabían que el anís en las rocas era un aperitivo típico marsellés? Se nota que las novelistas investigaron la ciudad y el año en que transcurre la acción.

Don de lenguas es una novela cuyo título abre el misterio. Después será la interacción entre los personajes, auténticos modelos de la época, los que mantienen el dinamismo de la historia, aderezada con prudentes dosis de cotidianidad. Queda claro que ciertos regímenes políticos son monolíticos y que son los pequeños héroes los que muchas veces consiguen el equilibrio. Hay sorpresas notables en esta obra; sin embargo, no seré yo quien las devele. Rosa Ribas y Sabine Hofmann ponen ante ustedes una historia que los alejará de los relojes, sentirán el inmenso placer de estar con vida y practicar el arte de emocionarse leyendo. Si topan con la sombra de Don Quijote, no se asusten que también tiene su papel.



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