aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Carmen Pagés

Cerrar la brecha del talento para crecer con equidad

...





ARTÍCULOS ANTERIORES

29 de mayo de 2013

En los próximos tres o cuatro años se puede decidir el futuro económico de México para la primera mitad de este siglo. El actual contexto económico mundial plantea más oportunidades que amenazas para el país, pero el desarrollo económico y la equidad se determinarán, en buena parte, por las transformaciones que México emprenda para incrementar la productividad de su fuerza laboral.

En el ámbito laboral, México ha avanzado significativamente en los últimos años. Con un servicio de empleo moderno, y programas de apoyo a la inserción laboral, diseñados para propiciar una inserción exitosa de los trabajadores en el sector formal, México está a la cabeza de la región en políticas activas de empleo. Pero todavía hay grandes retos. Si bien el desempleo no es alarmante, la informalidad está muy extendida (66%) y el 23% de los jóvenes mexicanos ni estudian ni trabajan. Al mismo tiempo, el 43 % de las empresas no encuentra trabajadores cualificados para sus vacantes[1][1].

En materia de formación de habilidades de la fuerza laboral, México inició reformas de la educación para hacerla más pertinente y de mayor calidad. Pero si el país quiere garantizar un crecimiento sostenible y continuado, hay que seguir avanzando en el camino iniciado, porque aún queda mucho por recorrer.

Si México quiere ser competitivo debe reducir la distancia entre las habilidades que el sector educativo identifica como prioritarias y las que el sector productivo reclama. Ese divorcio entre el sector educativo y el productivo limita el desarrollo de México ya que el crecimiento de un país se basa, en muy buena parte, en su capacidad productiva. Esta divergencia debe resolverse pronto para evitar que el sistema educativo siga arrojando cada año a miles de jóvenes al drama del desempleo o a la inactividad.

El problema no es ajeno a otros países ni a otros continentes. Un buen número de países desarrollados han puesto en marcha modelos que acercan la educación a las necesidades del sector productivo. Esta tendencia no se da solo en países ricos; India, por ejemplo, también está desarrollando estos sistemas. Los empleadores participan estrechamente en la definición de los programas de estudio; los estudiantes y los profesores realizan pasantías en las empresas para ganar experiencia en las tecnologías y métodos usados en las firmas; y a través de mecanismos de cofinanciación, el estado incentiva a las empresas a financiar formación. Todo ello contribuye a cerrar esa brecha entre el mundo académico y el laboral.

En México también hay buenas experiencias en las que el sector productivo incide directamente en el ámbito formativo. En algunos sectores punteros -como la industria de la automoción, de componentes aeronáuticos o de tecnología médica- existen buenas iniciativas en las que las empresas lideran las prioridades formativas de los centros de enseñanza.

Pero el gran reto para garantizar la productividad futura del país es dar un impulso decidido para que esos ejemplos no sean una excepción y se generalicen en los sistemas formativos del país. No serán unas pocas empresas, con un exitoso modelo digno de admiración, quienes traerán el desarrollo y la equidad a todo el país, sino una transformación que se expanda por todo el tejido educativo y productivo de México.

No se trata sólo de generar más riqueza, sino de garantizar un auténtico desarrollo social. El trabajo y la educación son dos partes inseparables del elevador social que garantiza la equidad y la reducción de las desigualdades sociales. Un buen empleo es el salvoconducto para escapar de la pobreza y el pasaporte para permanecer en la clase media. Y por ello hay que poner las políticas de empleo y formación en el epicentro del modelo de desarrollo del país.

México ha hecho una apuesta importante para centrase en una estrategia de desarrollo. Es una oportunidad clave: la balanza se inclinará hacia uno u otro lado en función del delicado encaje entre los sectores educativo y productivo. 

 

* Carmen Pagés es doctora en economía por la Universidad de Boston y jefe de la Unidad de Mercados Laborales y Seguridad Social en el Banco InterAmericano de Desarrollo.

..............
[1][1] Manpower, 2012



PUBLICIDAD