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Andrew Selee

De vecinos distantes a extraños íntimos

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12 de mayo de 2013

Con la visita del presidente Obama a México, es un buen momento para reflexionar sobre dos libros que han salido en los últimos días y que intentan entender, desde diferentes enfoques, como la relación entre México y Estados Unidos ha ido evolucionando en años recientes. El primer libro, titulado Embajadores de la reconocida periodista mexicana Dolia Estévez (Planeta 2013, con prólogo de Lorenzo Meyer), contiene entrevistas con los todos los Embajadores de EUA en México desde los finales de los años setenta hasta el año pasado. Este libro, que también se publicó en inglés por el Centro Wilson, pone en carne y hueso la relación tan imbricada que viven estos dos países a través de las palabras de algunos de sus protagonistas más recientes, incluyendo Carlos Pascual, Tony Garza, Jeff Davidow, Jim Jones y John Negroponte. A diferencia de la imagen del Embajador omnipotente y prepotente, como lo fueron Joel Poinsett en el siglo XIX y Henry Lane Wilson durante la Revolución Mexicana, estos diplomáticos de la etapa contemporánea operan dentro de una relación mucho más compleja, en que ellos juegan el papel de mediadores, tratando de responder a las crisis y oportunidades que surgen y a los múltiples actores que conforman el escenario entre los dos países.

El segundo libro es Mexico and the United States: The Politics of Partnership (Mexico y EUA: la política de la relación entre socios, compilado por Peter Smith y Andrew Selee), que busca entender las complejidades de la relación entre ambos países en una serie de capítulos escritos casi todos conjuntamente por un autor mexicano y un autor norteamericano en un intento de análisis verdaderamente binacional. Este libro, que lo auspiciaron el Colegio de la Frontera Norte, la Universidad de California en San Diego y el Centro Wilson, intenta trazar el marco de la relación y entender sus dinámicas subyacentes. El argumento central del libro, como sugerimos Alberto Díaz Cayeros y yo en un capítulo, es que la relación entre los dos países se ha vuelto más intensa y compleja sin dejar de ser asimétrica. En temas desde el comercio hasta la migración, la seguridad y el medioambiente, los dos países están cada vez más entrelazados y con un mayor número de actores - gubernamentales y no gubernamentales, nacionales y locales - que dan forma a la interacción binacional, y si bien las asimetrías no han desaparecido, el peso relativo ha cambiado, con mucho mayor capacidad de México de poner temas en la agenda bilateral.

Retomando este punto, Tonatiuh Guillen y John Bailey proponen que la agenda binacional ahora se maneja a partir de varias "canastas" de temas, desde seguridad, a cooperación económica, manejo de la frontera y temas globales, cada uno con su propio ritmo, marco institucional y grupos de actores gubernamentales y no gubernamentales que lo rodean. Sin embargo, Peter Smith, en otro capítulo, argumenta que los dos países aún no han decidido como su relación bilateral se inserta dentro de sus respectivas estrategias globales, y esto podría generar algunos cambios bruscos en cuanto a atención y enfoque a largo plazo.

En la segunda parte del libro, los autores abordan casos concretos de la colaboración en algunos de los temas más álgidos de la relación bilateral, así como sus desencuentros en estos temas. En un capítulo sobre la integración económica, Gerardo Esquivel y Robert Blecker argumentan que ni ha disminuido ni incrementado la brecha entre los dos países a partir del TLCAN debido a la falta de reformas secundarias en educación, estado de derecho y otras áreas.

Analizando la cooperación en seguridad, Luis Astorga y David Shirk trazan el surgimiento del narcotráfico transnacional desde los años ochenta, analizan las políticas de seguridad binacionales y sostienen que no habrá solución permanente a la violencia hasta que se consoliden instituciones más fuertes en México y EUA cambie su política de drogas.

En el tema de migración, David FitzGerald y Rafael Alarcón analizan los patrones cambiantes de los flujos y llaman atención a la necesidad de cambiar las leyes en EUA y empezar a tener políticas más claras sobre la migración en México.

Finalmente, el capítulo de Roberto Sanchez Rodriguez y Stephen Mumme aborda el tema en que los dos países han avanzado más en cuanto a institucionalizar la cooperación, que es justamente el medioambiente, en que ya existen instituciones oficiales y protocolos binacionales importantes, aunque argumentan que los retos siguen creciendo más allá de las capacidades de respuesta.

Hace casi dos décadas y media, el periodista Alan Riding escribió que México y EUA eran "vecinos distantes", unidos por la frontera pero con poca relación entre ellos. Hoy en día, se puede concluir que los dos países ya no son tan distantes, pero tampoco han llegado a ser "socios estratégicos", como algunos analistas y políticos han propuesto.

Quizás la descripción más apta para caracterizar la relación entre México y Estados Unidos hoy es la de "extraños íntimos", unidos por un nivel de interdependencia real y creciente, pero aún sin los conocimientos suficientes para manejarla como deberíamos y pudiéramos.

Vicepresidente del Centro Woodrow Wilson



Editorial EL UNIVERSAL La siembra de conocimiento


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