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José Fernández Santillán

¿Qué hacer ante la violencia?

Recibió el título de doctor en Historia de las Ideas Políticas por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Turín (1983); se ...

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05 de abril de 2013

Apenas abres el periódico, prendes la televisión o enciendes la radio surgen noticias sobre bloqueos de carreteras por parte de maestros disidentes, tomas de instalaciones universitarias a manos de jóvenes encapuchados o te enteras de la proliferación de grupos de autodefensa en diversos municipios del país. Lo que llama la atención, y preocupa, es que estas informaciones van a la alza

Los maestros de la CNTE, con el pretexto de su rechazo a la reforma educativa, han puesto en jaque a los gobiernos de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, y cada que se les ocurre desquician las vías de comunicación. El hecho más reciente se registró el día de ayer en la Autopista del Sol, Cuernavaca-Acapulco (ya el 22 de marzo habían hecho lo mismo). Maestros paristas bloquearon los carriles en ambos sentidos. El fenómeno de los jóvenes encapuchados y enardecidos tiene qué ver, originalmente, con las normales rurales, con la huelga en la UACM que finalmente culminó con la salida de Esther Orozco y el ascenso de Enrique Dussel como rector de esa institución, y también con las protestas del 1 de diciembre con motivo de la toma de protesta del presidente de la república.

Pues bien, algo le aprendieron a estos grupos “revolucionarios” los jóvenes que irrumpieron violentamente el 6 de febrero de este año en la Dirección General del CCH en Ciudad Universitaria. Demandaban la suspensión de las reformas a los planes de estudio así como la liberación de 10 jóvenes detenidos por una riña ocurrida en el CCH Naucalpan. Y como es bien sabido, delito que no se castiga vuelve a cometerse, la UNAM sufrió otro agravio el martes de esta semana cuando un puñado de supuestos estudiantes tomó las instalaciones de la Prepa 6 en demanda de que se retiraran las cámaras de circuito cerrado de seguridad. Afortunadamente directivos, maestros y estudiantes lograron recuperar de su escuela en poco tiempo.

Y qué decir de los grupos de autodefensa. En unas cuantas semanas han proliferado como reguero de pólvora. Se calcula que esta modalidad de protección comunitaria se encuentra presente en por lo menos nueve estados de la república: Guerrero (Ayutla), Oaxaca (Santos Reyes Nopala), Michoacán (Cherán y Paramuén), Jalisco (Sierra de Manantlán), Estado de México (Amatepec y Tlatlaya), Puebla (San Martín Texmelucan), Hidalgo (Valle del Mezquital), Morelos (Tetela del Volcán) y Chiapas (San Juan Chamula).

Es cierto que el estado de necesidad lo justifica todo: ante la ausencia de una autoridad que proteja a esas comunidades, ellas se ven forzadas a recurrir a la legítima defensa. No obstante, como se ha visto, de allí fácilmente se salta a los juicios sumarios y la fijación de impuestos comunitarios. Si se sigue por ese camino se termina en el hobbesiano Estado de naturaleza, es decir, que cada quien preserve su vida por los medios que tenga a su alcance. “La guerra de todos contra todos.”

Desde luego, aquí no se trata de coartar derechos, ni de echar a andar una campaña represiva. Cada quien goza de la libertad de expresar sus puntos de vista y mostrar su desacuerdo; pero sin dañar los derechos ni las libertades de los demás. Y ese es el problema: los maestros de la CNTE han coartado una y mil veces la libertad de tránsito de muchas personas y los derechos de los niños a recibir enseñanza. Los jóvenes violentos han desbordado con sus acciones el marco legal y los derechos de sus compañeros de tener clases. Quienes recurren a la autodefensa pueden argumentar que así preservan su integridad física, pero también afectan gravemente el Estado de derecho.

Todo esto me hace recordar un célebre ensayo de Norberto Bobbio titulado “Si cede la ley” (Le ideologie e il potere in crisi, Florencia, Le Monnier, 1981, pp. 79-83), cuya conclusión era clara: si eso ocurre sobreviene la barbarie. 

 

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM



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