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Manuel J. Clouthier Carrillo

La curva jota y el “elbazo”

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31 de marzo de 2013

Ian Bremmer, en su libro La curva jota, dice que si graficamos del eje de las “Y”, estabilidad, y del eje de las “X”, ampliación de las libertades, un país autoritario, con limitadas libertades, tiene un “aceptable” nivel de estabilidad. Pero si esa nación opta por iniciar un proceso de ampliación de las libertades, léase una transición, irremediablemente tendrá que seguir la trayectoria de la curva jota, donde empezara rápidamente a perder estabilidad hasta llegar a tocar fondo; y en la medida que continué ampliando libertades y consolidando instituciones irá recuperando estabilidad lentamente hasta llegar a un grado de estabilidad mucho mayor y duradero que cuando era autoritario.

Cuando un país que ha iniciado su transición llega a su punto más bajo de estabilidad (por lo tanto con alta sensación de inestabilidad) debe tomar una decisión importante: continúa avanzando en su transición consolidando sus instituciones y libertades, o se mueve al lado izquierdo de la curva, con un retroceso autoritario que permite una recuperación más rápida de la estabilidad. El momento más riesgoso para un país es mantenerse estático en el punto de inflexión con estabilidad más baja, por lo que Bremmer recomienda: “¡salte de ahí!”, a la derecha o a la izquierda de la curva, pero salte de ahí. Haciendo una analogía de la transición mexicana con la teoría de la curva jota, algunos ponen el comienzo de la transición en nuestro país en el movimiento estudiantil de 1968, otros lo consideramos después de la quiebra económica del país, en 1982, pero este proceso se ha prolongado demasiado, y para ser honestos se estancó en el periodo de los gobiernos federales panistas. Quizá teniendo su punto de mayor inestabilidad durante el sexenio de Felipe Calderón. Recordemos que la transición mexicana es la suma de las transiciones política, económica y social, y que éstas llevan diferente grado de avance por lo que algunos sectores o instituciones son la locomotora y otros el vagón de cola.

Hoy, en el regreso del PRI al poder, sabemos que el código cultural del priísmo es antidemocrático, corrupto y corruptor, patrimonialista y abusón del poder, simulador, presidencialista, disciplinado, cuidadoso de las formas y el protocolo, cautivador, populista y paternalista, demagogo. También se distingue porque planea y ejecuta con trabajo arduo sus proyectos políticos.

Pero al margen de su chip, el gobierno del presidente Peña Nieto ha tomado la decisión de manera prácticamente inmediata de emular la recomendación de Bremmer y salirse del punto de más baja estabilidad dando un viraje a la izquierda de la curva jota, que, como hemos dicho, logra una recuperación más rápida de la estabilidad. Esto lo hizo con el famoso elbazo, que le permite retomar el control de la Presidencia frente a los poderes fácticos, y esto, en principio, es bueno.

Pero las preguntas son: ¿para qué? ¿significará esto un retroceso autoritario? ¿o será sólo un manotazo que permita retomar el poder presidencial para impulsar la modernización del país y concluir la transición? ¿se promoverá la transición económica, social y política, o sólo la económica? ¿tendremos libertad económica y política o modernización económica sin avances en los aspectos políticos? Estas dudas las ilustró claramente el tuit de @gustavomadero, presidente nacional del PAN, que dice: “La detención de EEG es un golpe potente que puede ayudar: 1) A avanzar en la democratización, 2) La consolidación del autoritarismo.” El tuit se centra sólo en el aspecto político por razones obvias, pero yo creo que la transición debe ser integral. Esperemos no estarle pidiendo peras al olmo.

@ClouthierManuel

Empresario



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