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Andrew Selee

Cooperación binacional en seguridad

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17 de marzo de 2013

En un restaurante en San Diego, cerca de la frontera con Mexico, se reúne cada mes un grupo de policías y fiscales mexicanos y norteamericanos para comer y conversar sobre lo que está pasando en sus comunidades: Baja California y el sur de California. En sus reuniones intercambian información, construyen lazos de confianza y van diagnosticando los problemas que comparten de un lado y otro de la frontera en donde viven. Este grupo binacional no existe en papel, ni tiene un sitio web, pero sí tiene años reuniéndose mes tras mes en el mismo restaurante.

Este tipo de mecanismo de colaboración informal es típico del ámbito fronterizo, en que ciudadanos y autoridades locales necesitan resolver problemas diarios más allá de los protocolos oficiales entre sus gobiernos nacionales, pero también es un fiel reflejo de la cooperación que ha ido creciendo entre México y EU en materia de seguridad en años recientes. Este ejemplo es un justo reflejo de lo verdaderamente binacional que en que se ha convertido el reto de la seguridad.

Gran parte del auge de violencia que ha vivido México desde 2003 está relacionado con el tráfico internacional de drogas, un negocio circular en que organizaciones criminales mexicanas se especializan en transportar y a veces producir narcóticos ilícitos, y usuarios norteamericanos proveen miles de millones de dólares a través de sus compras de estos productos y así financian a los grupos criminales, con una parte de la ganancia invertida en armas de alto calibre, que se compran con sorprendente facilidad en territorio norteamericano.

Frente a este negocio circular, y las secuelas de violencia que ha generado en México, han ido surgiendo nuevas modalidades de colaboración entre autoridades de los dos países. Quizá el acierto más importante ha sido compartir inteligencia sobre los grupos criminales que operan en ambos países de forma más sistemática y muchas veces en tiempo real para poder actuar contra sus líderes y sus redes de financiamiento. Parte de la caída lenta de homicidios en México en los últimos 18 meses probablemente se debe a los golpes que se han asestado contra las operaciones de estos grupos por la inteligencia compartida.

Sin embargo, los retos más importantes hacia el futuro tienen qué ver con el fortalecimiento del Estado de derecho en ambos países, tema en que los esfuerzos apenas empiezan a cobrar fuerza. En EU se ha ido bajando gradualmente el consumo de cocaína, mas no todavía de otras drogas, y faltan aún esfuerzos serios para atacar a las adicciones a narcóticos ilícitos. Asimismo, se ha logrado poco todavía en cuanto al tráfico de armas, aunque hay señales de que el Congreso norteamericano podría avanzar este año en legislación que dificultaría la compra de armas por grupos criminales.

En México el reto principal sigue siendo la reforma de los cuerpos policiacos, procuradurías y tribunales para que sean confiables y efectivos. Hay avances importantes en algunos estados, pero también queda mucho terreno por recorrer. El intercambio de policías, fiscales y jueces entre México y EU se está volviendo común y quizás una de las oportunidades clave hacia el futuro para apuntalar estas reformas.

Tijuana vivió en años recientes una ola brutal de violencia, llegando en un momento a ser la segunda ciudad más violenta del país después de Ciudad Juarez. Hoy ya no figura entre los 10 municipios más violentos de México, un cambio dramático en poco tiempo. La mayor parte del crédito para este cambio se debe a las autoridades locales y federales, que decidieron trabajar juntas y emprender reformas importantes en el sistema de justicia, y, quizás más importante, la ciudadanía, que en esa ciudad se organizó y obligó a las autoridades a tomar en serio sus responsabilidades.

Pero una parte del cambio también se derivó de la acción conjunta entre autoridades mexicanas y de EU operando en la frontera para desmantelar las operaciones del crimen organizado de una forma conjunta, constante y decisiva. Parte de este esfuerzo fue planeado por los gobiernos federales de ambos países, a través de la creciente cooperación oficial en seguridad, y parte nació de los policías y fiscales locales que empezaron a trabajar juntos a partir de su bistec mensual que les permitió conocerse y generar nuevos canales de comunicación, logrando de esta manera enfrentar a grupos criminales transnacionales con esfuerzos de combate al crimen también transnacionales.

Vicepresidente del Centro Woodrow Wilson



Editorial EL UNIVERSAL Transformar a Pemex


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