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Élmer Mendoza

Miguel Ángel Chávez Díaz de León

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programas y conferenc ...

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14 de marzo de 2013

Cada que dicen que el fin de la novela está cerca, se fortalece el realismo y aparecen novelas como Policía de Ciudad Juárez, ópera prima del poeta Miguel Ángel Chávez Díaz de León, publicada por Océano en su colección La puerta negra, en 2012, que demuestra que el género estará vigente mientras exista un ser humano que quiera leer, ver o escuchar una historia. Recorrer la novela de Chávez, que es emoción pura, es constatar que hay regiones que merecen ser contadas e individuos que nacieron para personajes.

Miguel Ángel Chávez Díaz de León, nacido en Ciudad Juárez, México, en 1962, es un poeta del cuerpo, de sus aromas y sus percepciones; como novelista, convierte a su ciudad en personaje. Hay ciudades mexicanas que llevan en su nombre una pesada carga delictiva y Juárez es una de ellas. Chávez no rehúye esta opción; por el contrario, crea un policía aparentemente inofensivo, Pablo Faraón González, jefe de la brigada encargada de delimitar la escena del crimen con cinta amarilla, que funciona para diseccionar un espacio en conflicto permanente. Ruth Romo, una agente con esposo desaparecido, es su pareja profesional. En una Land Rover Sport de última generación recorren la ciudad y sus alrededores. Como hay guerra, con peligrosa frecuencia encuentran enemigos que se divierten poniéndolos a prueba. Con paciencia milimétrica, el autor nos permite asistir a una evolución de los agentes que ante las circunstancias deberán realizar su trabajo de otra manera. Adaptarse o morir.

Chávez encuentra el lenguaje y las frases precisas para conseguir los puntos de tensión necesarios para un discurso dinámico, descarado y profundo. Los capítulos cortos son como una autopista que lleva de una página a otra sin omitir sorpresas y humor. El humor como instrumento de distensión y como elemento clave en el perfil de los personajes. Por ejemplo, Faraón es fanático del huitlacoche y lo apodan el comandante Amarillo. La relación de lo terrible con lo fársico es notable; independientemente de eso, es una novela que se deja leer, que emociona, de fina trama que propone personajes que llegan al corazón. Ruth es hermosa y valiente, y sufre una pena profunda que en ciertas horas le impide trabajar con dedicación.

Ciudad Juárez es una ciudad que a la mayoría le llama la atención por su violencia. Chávez, que creció y vive allí, conoce sus múltiples facetas, mismas que aparecen en Policía de Ciudad Juárez donde la policía convive con La Regla, que es el grupo que controla el tráfico de drogas; pero también están los que se encargan del mercado municipal y los que prefieren el confort de una oficina. La inevitable violencia con sus “siete caminos de sangre” es parte de ese extenso cuerpo fronterizo. El autor simboliza la violencia de tal manera que podamos leer y reflexionar sobre una región en vilo, proyectada con dignidad estética y solvencia creativa que, en el fondo, es una postura amorosa.

Esta novela de Chávez es un vigor encendido. Una voz que surge de la razón particular de un creador que se reconoce en su obra que es una tormenta de arena en el desierto. Contar la ciudad es contarse a sí mismo sin deshojar la margarita. Desde luego, es una novela policiaca y el lector encontrará, como escribió Federico Campbell, “el misterio que le convenga, la caricatura de su propia vida empequeñecida o engrandecida según el territorio social, existencial y político que le toque en suerte ocupar… en la vida real.” La ficción policiaca es el espejo oculto en que los seres humanos se miran a hurtadillas; así mismo, es el complemento de las historias amorosas que tanto agradan. Eros y Tanatos, pues.

Desde luego, en Policía de Ciudad Juárez se come. Además de los manjares de huitlacoche que son innumerables, hay “tostadas untadas de frijoles con repollo, enchiladas, tacos de barbacoa, flautas y burritos, carne asada, café y cerveza”. Son muchos los juarenses que prefieren perderse en sus fondas que cruzar a El Paso, Texas, por una hamburguesa de carne barata. Se trata de una escritura que proyecta placer, y no el terror de quitarse una historia de encima.

Con esta obra, la novela policiaca mexicana crece y es fiel a sí misma. Quiero decir que no es una ocurrencia genial, sino una pieza literaria con una poderosa propuesta social: el problema de la corrupción policiaca y lo fácil que las corporaciones son infiltradas y controladas por las mafias. Una novela donde la honradez se cobra y la brutalidad ensucia la cara de una ciudad que permanece porque es grande. También, Policía de Ciudad Juárez es un testimonio de una guerra cruenta y fallida, que no debemos permitir que se repita.



Editorial EL UNIVERSAL México rumbo al desarrollo


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