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Ivonne Ortega

Marzo priísta

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09 de marzo de 2013

La XXI Asamblea Nacional completa el largo ciclo del regreso al poder del Partido Revolucionario Institucional. En ese sentido, es un momento significativo por tres razones.

En primer lugar, la asamblea confirma al PRI como un partido “sucesor” exitoso. Un partido que siendo la institución dominante de un régimen, impulsó la transición democrática, perdió el poder en alguna etapa de esa transición y es capaz de reinventarse, construir nuevos y mejores liderazgos, fortalecer su presencia a lo largo y ancho del territorio nacional y, finalmente, regresar al poder en un entorno democrático indiscutible. Hoy el PRI se pone al lado de otros partidos “sucesores” exitosos que vimos en Europa del Este, en Taiwán y diversas regiones del mundo. La institución en la que milito ha demostrado que es un partido con estructuras capaces no sólo de sobrevivir, sino de triunfar en la alternancia, lo cual garantiza el futuro a largo plazo de esta organización política.

El segundo aspecto que hace importante la Asamblea del PRI, con sus actos, agendas y transformaciones, es la participación madura y democrática del presidente de la republica, Enrique Peña Nieto, el primer militante de esta organización. En una democracia madura, de segunda generación, como ya es la mexicana, no hay, ni debe haber, ni “sana distancia” ni “sana cercanía” entre el líder moral y legal de la estructura institucional pública y su partido. Lo que hoy existe es una integración, acompañamiento y respaldo democráticamente ético. Una relación en la que el jefe de Estado sabe que tiene el respaldo de su partido; y el partido, a su vez, sabe que tiene en su líder moral al mejor agente para hacer operable y aplicable su agenda de gobierno y plataforma política. En ese marco se puede afirmar que llegó el tiempo de que en México —como en todas las democracias desarrolladas, ya sean regímenes presidenciales o parlamentarios— el gobierno y el partido que ostenta el poder sean compañeros de un mismo esfuerzo.

Y la tercera gran razón —que, entre otras cosas, destaca la asamblea del 3 de marzo y el Aniversario partidista del 4 de marzo— es la innegable capacidad del PRI para seguir convocando y captando la atención e imaginación política y ciudadana. A nivel nacional, de nuevo el PRI está en el centro del ejercicio y acontecer político del sistema de partidos. La XXI Asamblea Nacional es indiscutiblemente relevante para México; y de nuevo confirma al Partido Revolucionario Institucional como un organismo político ciudadano de coherencia y congruencia ideológica, sin por ello renunciar a sus obligaciones de dar respuestas prácticas a problemas nacionales muy concretos.

El nuevo PRI del siglo XXI demostró que está dispuesto a tomar riegos de popularidad a corto plazo a cambio de beneficios reales para el país y sus familias en el mediano y largo plazo. El PRI se confirma como un partido maduro, cuya máxima prioridad es gobernar y no sólo ganar elecciones. Esa es otra certeza que sin duda beneficia a todos.

En suma, este marzo de 2013 tenemos un partido que tras 12 años de prueba deja muy claro que existe por sí mismo y por méritos propios, y nunca como apéndice de un régimen. Se tiene también un partido que construye una relación madura, ética y de acompañamiento con su líder moral, como debe ser; y por encima de todo, se dispone de un partido con sus ojos puestos en gobernar y no sólo en las urnas. Esto es, a grandes trazos, lo que se celebra y podemos festejar este 4 de marzo. Son buenas noticias para el PRI, y no tengo duda de que son también buenas noticias para México.

 

Secretaria general del PRI



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