aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Enrique Berruga Filloy

Nace el chavismo

Diplomático y escritor. Representante Permanente de México ante la ONU de 2003 a 2007. Embajador de México desde 1995. Fue Subsecretario par ...

Más de Enrique Berruga Filloy



ARTÍCULOS ANTERIORES


Ver todos sus artículos
06 de marzo de 2013

La muerte de Hugo Chávez dará nacimiento a la leyenda. En adelante, su nombre, su legado y su pensamiento serán utilizados como referente y orientación sobre la manera de conducir a Venezuela. La desaparición física del líder marcará el comienzo del verdadero chavismo.

Con o sin elecciones, Nicolás Maduro será el hábil encargado de irle dando forma y contenido práctico a las enseñanzas y la filosofía del Comandante. Así ha ocurrido invariablemente en los regímenes carismáticos, iniciados y dominados por un hombre fuerte. La guía inescapable del nuevo gobernante venezolano será preguntarse ¿qué habría hecho en estas circunstancias el Comandante Chávez, qué habría preferido para el pueblo venezolano? De la misma manera que los chinos vivieron largas décadas atados la tumba y al pensamiento de Mao, los coreanos del norte siguen constreñidos por las consejas de Kim Il -Sung o los cubanos a la visión y los comentarios periodísticos de Fidel Castro. En adelante se gobernará en Venezuela bajo una interpretación de lo que fue Chávez y no necesariamente sobre alguna tesis precisa del hombre que se ha ido.

La muerte del Comandante tendrá implicaciones especialmente visibles en el plano internacional. El hombre que eligió Chávez para sucederle en el mando, se desempeñó durante seis años como Canciller de Venezuela. Quien comenzó su vida laboral como conductor del transporte colectivo de Caracas y después fue líder de los camioneros, desarrolló una política exterior especialmente activa y asertiva. Ningún otro país latinoamericano o del Caribe ha desplegado una diplomacia como la venezolana, tan controvertida como vigorosa, tan cuestionada por unos como atractiva para otros.

Durante el mandato de Chávez prácticamente se construyó un ente binacional entre Caracas y La Habana. Maduro, sin ambivalencia alguna, defiende a Cuba, respeta su liderazgo político y seguramente mantendrá las ligas más estrechas posibles con la Isla. No sólo porque haya un contingente de miles de médicos y trabajadores sociales cubanos en Venezuela, sino ante todo, porque la orientación política y las recomendaciones de control social que le proporcione la experimentada Cuba le serán indispensables para consolidarse en el poder y darle nueva vida al socialismo bolivariano después de la partida de Chávez.

Rusia será otro factor determinante en el manejo internacional de Venezuela. Moscú es el principal proveedor de armas del ejército bolivariano. Pero más allá de este hecho que le dará holgura para mantener el control interno, la conexión con Rusia le proporciona un equilibrio insustituible en el mundo frente a Estados Unidos. Aun sin la fortaleza económica que ha ganado China, el gobierno del Presidente Putin es el único que desafía la preeminencia política de Washington a nivel global. Rusia tiene vocación renovada de superpotencia y esto la anima a buscar aliados en todas partes del mundo. En el caso de América Latina, el aliado más a modo es precisamente Venezuela por sumarse de manera natural y abierta al desafío hacia Estados Unidos. A Caracas le beneficia contar con un socio del poderío de Moscú para vacunarse contra cualquier intento anti-revolucionario por parte de Washington. Se sigue el mismo patrón de conducta que aplicó Fidel Castro en los años sesenta en su acercamiento con la Unión Soviética.

En América Latina es donde podrán observarse los cambios más visibles en el equilibrio de fuerzas que orquestó Chávez. Los países miembros del ALBA serán los que registren las mayores presiones y demandas de adhesión al nuevo gobierno de Caracas. Bolivia, Ecuador y Nicaragua tendrán que hacer patente que sus relaciones de alineamiento con Venezuela se mantienen intactas si es que quieren preservar el respaldo económico y político que les brindaba Chávez. Ante la posible ofensiva que orqueste la oposición en Venezuela, la solidaridad política y el reconocimiento diplomático de este grupo de países, resultará especialmente valorado por la nueva dirigencia venezolana.

Brasil tiene un reto delicado en la nueva etapa del chavismo. La hegemonía del gigante sudamericano estuvo rivalizada de manera recurrente por las iniciativas políticas y las ofertas de cooperación de Venezuela hacia otros países de la zona. Si Brasilia busca disminuir la influencia venezolana en la región, tendrá que ser a cambio del algo. Y ese algo puede ser un entendimiento de que Brasil proporcione cobertura política y reconocimiento al nuevo gobierno, a cambio de que Caracas se pliegue al modelo y al liderazgo brasileño. Desde luego que una acción de esta naturaleza implicaría un nuevo distanciamiento de Brasil con Estados Unidos, en momentos en que la Presidenta Rousseff busca una relación más fluida con Washington.

Para Estados Unidos, el punto central de atención estará puesto en el activismo que pretenda desplegar Maduro en el plano internacional. Las estrechas ligas de Venezuela con Irán y su abierto respaldo al programa nuclear de ese país, serán un asunto central. De igual importancia resultará para Washington analizar si el activismo venezolano se extiende a fortalecer a la izquierda latinoamericana. Lo más previsible es que Maduro, con su experiencia diplomática, de inicio no siga este curso de acción. Dependiendo de su margen de control interno podrá recurrir o no a ese expediente, para dar mayor fortaleza y legitimidad a su mandato.

La diplomacia mexicana tampoco la tiene fácil. La postura más cómoda y tradicional aconsejaría observar el curso de los acontecimientos, manifestar su respeto a los procedimientos venezolanos, siempre y cuando no surjan violaciones de derechos humanos de consideración y, por supuesto, vigilar las iniciativas internacionales de la nueva dirigencia. Sin embargo, México pudiera ir más allá, construyendo puentes estratégicos para ganar alguna influencia sobre el país amazónico. Una de estas vías se encuentra en la cooperación energética y contra el crimen organizado. Venezuela tiene una de las tasas de homicidio más elevadas del mundo, es un punto geográfico muy apetecido por el narcotráfico y sigue siendo el principal exportador de crudo en América. El PRI, con su tradicional ala de izquierda, puede entenderse mejor con Venezuela que los gobiernos del PAN. El reto consiste en encontrar las vías de una relación pragmática y productiva que nos permita incidir de manera más decisiva en los procesos políticos latinoamericanos. La nueva política exterior de México hacia América Latina no puede desconocer ni excluir a uno de los actores más ágiles de la región. Un primer paso podría ser invitar próximamente a Maduro a visitar nuestro país y preguntarle directamente qué es lo que tiene en mente y cómo percibe sus relaciones con México. En la diplomacia, normalmente, el que pregunta no se equivoca.


Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales



ARTÍCULO ANTERIOR Nace el chavismo
Editorial EL UNIVERSAL Los límites de las soberanías


PUBLICIDAD