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Ricardo Raphael

Octogenario de cabal salud

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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18 de febrero de 2013

Para Raúl Íñiguez. A quien ayer quitaron la vida en Michoacán por no pagar el impuesto del crimen

Si el Partido Revolucionario Institucional fuera metal sería un polímero muy elástico, de esos que pueden expandirse o contraerse sin perder sus propiedades principales. Los científicos les llaman metales líquidos y se usan como superconductores en la industria electrónica.

El PRI vuelve a demostrar que la naturaleza que le dio origen, gobernar desde el poder, sigue tan vibrante como el día de su fundación. El próximo domingo 3 de marzo este partido festejará 84 años de vida. A la fiesta han sido invitados más de 5 mil delegados. El evento no se celebrará en Oaxtepec o en el Palacio de los Deportes. Las huestes obreras y campesinas que aún enorgullecen a este instituto han sido convocadas al burguesísimo Centro Banamex.

Argumentan que tal recinto ofrece mejor seguridad para el Presidente de la República pero también resulta perfecto para la puesta en escena de las decisiones que ahí habrán de tomarse.

Ya es lugar común insistir que Enrique Peña Nieto y su círculo de poder tienen obsesión con los rituales. No hay detalle que se les escape a la hora de montar espectáculo, y este aniversario del tricolor merece más esmero que muchos otros eventos.

La fecha ha sido varias veces utilizada para construir y fortalecer liderazgos. Fue un 6 de marzo de 1994 que Luis Donaldo Colosio pronunció su famoso discurso “Yo veo un México …” Será el próximo domingo 3 que Enrique Peña Nieto brindará también una pieza oratoria para imprimir un sello propio sobre el partido que le llevó al poder.

A diferencia de otros tiempos, hoy los priístas no están para condescender con la semiótica popular. El lugar elegido para su festejo no es el único de los signos. Se suman al ritual las reformas a sus documentos básicos que ese fin de semana serán discutidas. Concretamente las que tienen que ver con imponer IVA a medicinas y alimentos y promover la inversión privada en la industria energética.

Peña sabe que, para cumplir con dos de sus compromisos principales de campaña, (reformas fiscal y energética), primero tendrá que contar con el aval de todos los suyos. Luego vendrá la muy difícil tarea de convencer o confrontar al resto de la oposición.

El presidente llega al evento priísta con una gran fortaleza y un liderazgo ya sin disputa; no sólo porque devolvió al PRI al Palacio Nacional, sino por la extensa red de gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales y demás base social que constituyen hoy su principal sustento de poder.

Difícilmente habrá quien se oponga a las iniciativas presidenciales dentro de las filas del tricolor. Ni siquiera las voces más nacionalistas se atreverían a contestar la reforma a los documentos básicos de su partido. Situado en la oposición, ayer el PRI logró oponerse a los cambios propuestos por Acción Nacional, pero ahora que el poder sonríe de nuevo, aquella terquedad resulta un lujo onerosísimo.

Acaso otros partidos menos elásticos enfrentarían polarización y también dislocamiento si trataran de reformarse a propósito de alguno de los temas citados; pero en el caso del PRI el problema es menor. Y es que entre las propiedades del metal priísta la ideología no llega a ser razón suficiente para la división, siempre y cuando gobernar desde la presidencia sea la bandera que unifica.

En su aniversario número 84 el PRI goza de las mejores condiciones para mantenerse cohesionado: de nuevo el árbitro de sus disputas vive en Los Pinos, gobierna la mayoría de los estados y los municipios, controla parte amplia del presupuesto y tiene una nómina grande capaz de seducir a todo aquél que experimente la tentación de disentir.

El PRI fue fundado el 4 de marzo de 1929, bajo el membrete del Partido Nacional Revolucionario, con el objeto explícito de unificar a todas las fuerzas que, dispersas y fragmentadas, se arrebataban al Estado mexicano. Fue Plutarco Elías Calles quien lo imaginó y lo hizo a partir de la obra previa de Álvaro Obregón. No sobra recordar que Enrique Peña Nieto dedicó su tesis de licenciatura justamente a estudiar este periodo histórico. La actuación de aquellos políticos sonorenses servirá probablemente como inspiración para el discurso que habrá de escucharse en el Centro Banamex durante la mañana del próximo domingo 3 de marzo.

 

Analista político



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